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Adicción a la Cocaína – Efectos, riesgos y tratamiento
Índice de contenido Por qué la cocaína genera tanta adicción Cuando la adicción se afianza: consecue…
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Casi nadie dice "soy adicto" cuando habla de los porros. Dicen que es una costumbre, que les ayuda a dormir, que "es solo hierba" y que, total, medio Madrid fuma. Y en parte tienen razón: no todo el que fuma cannabis acaba enganchado. La cosa cambia cuando dejarlo deja de ser una decisión y se convierte en una pelea que se pierde una y otra vez, la tercera o la cuarta de este año. Si te suena, o si lo ves en alguien de tu casa, esta guía te cuenta cómo distinguir un consumo que se ha torcido, qué ocurre cuando se para de golpe y qué se puede hacer sin dramatizar ni quitarle importancia.
Sí. Es una de las preguntas que más se oyen en consulta y la respuesta corta es esa. El cannabis puede generar dependencia, aunque lo haga de forma menos aparatosa que el alcohol o la cocaína, y por eso se tarda más en reconocerla. Las cifras que manejan los organismos de salud pública apuntan, aproximadamente, a que una de cada diez personas que consumen acaba desarrollando un trastorno por consumo de cannabis, y que el riesgo es bastante mayor cuando se empieza en la adolescencia, con el cerebro todavía madurando.
Hay otro dato de contexto: el cannabis es la droga ilegal más consumida en España según las encuestas del Plan Nacional sobre Drogas. Que sea tan común es justo lo que lo hace difícil de ver. Cuando media clase, o media cuadrilla, fuma, nadie se pregunta si el que lo hace cada día a las nueve de la noche tiene un problema.
Conviene también hablar del producto, porque no es el de hace treinta años. La concentración de THC (el componente que "coloca") de lo que circula hoy es, en general, bastante más alta que la de entonces. Y en España lo habitual es fumarlo mezclado con tabaco, lo que significa que, además de cannabis, muchas personas llevan años alimentando una dependencia a la nicotina que ni siquiera se plantean. Cuando alguien dice que quiere dejar los porros, a menudo el cigarro es la mitad del problema.
Para entender mejor cómo encaja esto en el conjunto de las adicciones a sustancias, puedes consultar nuestra página sobre la adicción a los porros.
No hay un número de porros al día que separe lo recreativo de lo problemático. Mucho más útil es fijarse en el lugar que ocupa el cannabis en la vida de la persona y en lo que le cuesta moverlo de ahí. Los criterios que usan los profesionales para diagnosticar el trastorno por consumo de cannabis, traducidos a lenguaje de calle, vienen a decir esto:
Con dos o tres de estas señales se habla de un problema leve; con cuatro o cinco, moderado; con seis o más, grave. No se trata de hacer un recuento obsesivo, sino de tener una referencia. Si quieres una primera orientación más personalizada, puedes hacer el test online de cannabis, que no sustituye a una valoración pero ayuda a ponerle nombre a lo que pasa.
Hay señales más sutiles, de esas que la propia persona racionaliza. La primera es fumar para "estar normal" y no para colocarse: el porro de por la mañana no da placer, solo quita el malestar de no haberlo fumado. La segunda, el sueño. Mucha gente empezó fumando para dormir y a los meses ya no duerme sin él, y cuando lo deja el insomnio es peor que el que tenía al principio. La tercera, esconderlo o quitarle hierro con frases hechas: "yo controlo", "es natural", "es mejor que el alcohol". Cualquiera de esas frases puede ser cierta en un momento dado. Lo que delata un problema es la frecuencia con la que hace falta repetirlas.
Aquí hay que ser ecuánime, porque se exagera por los dos lados. Ni el cannabis "destroza el cerebro" de cualquiera que lo pruebe, ni es una planta inofensiva sin consecuencias. Lo que sí se observa con más consistencia, sobre todo en consumos frecuentes y mantenidos:
Sobre la diferencia entre el uso terapéutico y el recreativo, y por qué lo primero no justifica automáticamente lo segundo, hablamos en cannabis medicinal frente a uso recreativo.
Una idea muy extendida es que con el cannabis "no hay mono". Es falsa. No tiene el riesgo médico de la abstinencia de alcohol o de benzodiacepinas, que puede ser peligrosa y debe supervisarse, pero sí existe una abstinencia reconocida y, en quien fuma a diario desde hace tiempo, resulta bastante molesta. Esto es lo que se describe con más frecuencia:
Los síntomas suelen empezar entre uno y tres días después de la última vez, alcanzan su punto más incómodo durante la primera semana y, para la mayoría, se van apagando en dos o tres semanas. El sueño es lo más lento en normalizarse: hay quien tarda un mes en dormir como antes. Todo esto varía mucho según cuánto y cuánto tiempo se haya fumado, y sirve solo como orientación.
La parte que más preocupa en la práctica no es el malestar físico, sino el emocional. Dejar de fumar saca a la luz lo que el porro tapaba: nervios, tristeza, rabia, aburrimiento. Si en esos días aparecen un ánimo muy hundido o ideas de hacerse daño, no hay que aguantarlas a solas: es motivo para pedir ayuda profesional de inmediato. En el caso de que ya estés en una situación de crisis, puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, disponible las 24 horas.
Para entender mejor qué ocurre en cualquier retirada, y por qué no todas se parecen, tienes más información en nuestro artículo sobre el síndrome de abstinencia.
Dejarlo por tu cuenta es posible, y mucha gente lo consigue. Estos pasos no son una fórmula mágica, pero ordenan las cosas y evitan los errores más típicos.
Parece una obviedad y es lo que más falla. "Porque debería" no aguanta la noche número cuatro de insomnio. "Porque quiero rendir en el trabajo", "porque estoy harto de estar siempre a medias" o "porque mi hija me ha dicho que huelo a eso" sí aguantan. Escríbelo. Suena un poco escolar, pero cuando vengan las ganas te servirá tenerlo a mano.
Mejor un día cercano que "el lunes que viene" eterno, y mejor con unos días tranquilos por delante que en plena semana de entregas. Tira lo que tengas: la hierba, el papel, el grinder, el mechero que usas para eso. Mantener "una reserva por si acaso" es la forma más fiable de no dejarlo.
No hace falta un anuncio. Basta con una persona que sepa lo que estás haciendo y a la que puedas escribir si flaqueas. Los primeros días son los más difíciles y es más fácil aguantarlos cuando no estás solo con ello.
Si el insomnio fue la razón por la que empezaste a fumar, será tu principal enemigo. Horarios regulares, nada de pantallas en la cama, cenar pronto, movimiento durante el día y, cuando sea posible, ejercicio por la tarde. Si pasadas dos o tres semanas el sueño sigue muy mal, consúltalo con tu médico en lugar de sustituir el porro por alcohol o por pastillas por tu cuenta. Tenemos un artículo dedicado a por qué el sueño importa tanto en la recuperación.
Casi todo el mundo tiene los suyos: al llegar a casa del trabajo, después de comer, en el sofá con una serie, con determinada gente, el sábado por la noche. Piensa de antemano qué vas a hacer en ese rato. No "no fumar", que es una orden vacía, sino algo concreto: ducharte, salir a andar veinte minutos, llamar a alguien, cocinar. El hueco que deja el porro hay que rellenarlo con algo.
Es muy común cambiar un hábito por otro: el que deja los porros bebe más, el que los mezclaba con tabaco acaba fumando un paquete al día. Si te lo propones en serio, merece la pena que tengas esto en cuenta desde el principio, porque la nicotina suele ser el último eslabón en caer. Si el vapeo forma parte de tu rutina, lo desarrollamos en vapeo y nicotina.
Una recaída no borra los días que llevabas ni significa que "no tengas fuerza de voluntad". Es información: qué situación, qué estado de ánimo, qué hora. Con esos datos el siguiente intento es mejor que el anterior. Lo que sí conviene evitar es el pensamiento de "ya que he fumado hoy, hasta el lunes".
No hay que esperar a tocar fondo. Plantéatelo si te reconoces en alguna de estas situaciones:
Lo que funciona, según la evidencia disponible, es sobre todo psicológico. No existe hoy un medicamento aprobado específicamente para tratar la dependencia del cannabis. Las intervenciones con mejores resultados combinan terapia cognitivo-conductual (aprender a reconocer los desencadenantes y a manejar las ganas), entrevista motivacional (para trabajar la ambivalencia, ese "quiero y no quiero" tan típico) y, en adolescentes y jóvenes, el trabajo con la familia. Si además hay ansiedad, depresión u otro trastorno de fondo, se aborda a la vez, porque tratar solo el consumo suele quedarse corto. Sobre cómo se plantea ese abordaje, tienes más detalle en nuestro artículo sobre terapia cognitivo-conductual en adicciones.
Ver a alguien cercano atrapado por los porros genera una mezcla de miedo, rabia y ganas de registrarle los bolsillos. Lo que más suele estropear la situación es empezar por ahí. Un adolescente al que se registra, se interroga y se amenaza aprende, sobre todo, a esconderse mejor.
Funciona más hablar en un momento tranquilo, no justo después de pillarle, y empezar por lo que te preocupa en lugar de por lo que él hace: "te veo más apagado desde hace meses y me inquieta" abre una conversación; "eres un vago porque fumas" la cierra. Pregunta, escucha de verdad y evita los sermones sobre drogas. Pon los límites que correspondan en casa (no se fuma dentro, no se conduce después), mantenlos sin alzar la voz y ofrece ayuda concreta en lugar de exigir que lo deje ya. Tienes más ideas para plantear este tipo de conversaciones en cómo hablar con un familiar sobre su adicción sin generar rechazo. Y si la persona se niega a ver el problema, nuestra guía de cómo ayudar a alguien que no quiere ayuda plantea lo mismo con otra sustancia, pero el enfoque es casi idéntico.
Depende de cuánto y cuánto tiempo se haya fumado. En consumidores ocasionales, los análisis de orina suelen dejar de detectarlo en unos días. En quien fuma a diario, los metabolitos pueden seguir apareciendo durante semanas, porque se acumulan en la grasa del organismo. Que un test dé positivo no significa que la persona esté "colocada", ni que no esté recuperándose.
No necesariamente, pero es un factor de riesgo importante. Lo determinante no es la frecuencia en sí, sino si hay pérdida de control, malestar al parar y consecuencias en la vida diaria. Aun así, el consumo diario mantenido durante meses hace mucho más probable que existan dependencia y tolerancia.
En general no lo es desde el punto de vista médico, a diferencia de la del alcohol o las benzodiacepinas. Sí puede ser muy incómoda y desencadenar o agravar cuadros de ansiedad y depresión. Si hay consumo mezclado con otras sustancias, o antecedentes psiquiátricos, conviene que lo valore un profesional antes de empezar.
Mucha gente lo hace, sobre todo cuando el consumo es reciente o moderado. Si has intentado dejarlo varias veces sin éxito, si lo usas para manejar la ansiedad o el insomnio, o si ya notas que afecta a tu salud mental, es razonable pedir apoyo. Hacerlo no es un fracaso: acorta el camino.
Evita el interrogatorio y el castigo como primera respuesta. Habla con calma, averigua desde cuándo y cuánto fuma, y valora si hay señales de que el consumo le está afectando (cambios de ánimo, notas, aislamiento). Una consulta con un profesional de adicciones o de salud mental, aunque sea solo para orientarte a ti como familia, suele ser un buen primer paso.
MOMENTO es un centro privado de tratamiento de adicciones en Madrid, en funcionamiento desde 2014. Somos una opción más entre las que existen, y pensamos que lo importante es que cada persona encuentre el recurso que necesita, sea el nuestro, uno público o una combinación de varios.
Cada proceso empieza con una valoración inicial para entender tu situación y determinar qué nivel de apoyo puede resultar adecuado. En muchos casos de cannabis es suficiente un programa ambulatorio, que permite seguir con el trabajo y la vida diaria; en horario de tarde, martes y jueves de 18:30 a 20:00 y una sesión individual semanal. Cuando el consumo se acompaña de otras sustancias o de un entorno que dificulta cambiar, disponemos también de un programa residencial con convivencia supervisada las 24 horas. Las familias cuentan con su propio Programa de Familias, con una sesión grupal semanal por la tarde.
Si no sabes por dónde empezar, llámanos y te orientamos sin compromiso. Atendemos el teléfono las 24 horas en el 608 78 34 25, o puedes escribirnos desde la página de contacto. Estamos en la calle de Andorra 22, en Hortaleza, Madrid. Da igual por dónde empieces: lo importante es empezar.
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