Cannabis y psicosis
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El cannabis se ha normalizado tanto que muchas personas lo viven como si fuera poco más que tabaco con efectos agradables. Sin embargo, en la práctica clínica vemos un lado que se comenta menos: su relación con episodios de desconexión con la realidad, es decir, con la psicosis. No todas las personas que fuman porros desarrollan un cuadro psicótico, pero sí sabemos que en determinadas condiciones el cannabis puede ser el desencadenante o el acelerador de un trastorno de este tipo. En Centro Terapéutico Momento, en Madrid, nos encontramos cada vez más con jóvenes y familias sorprendidas porque lo que empezó como consumo recreativo terminó en urgencias o en una crisis de desconfianza, miedo o ideas raras. Por eso conviene explicar qué está pasando.

Qué es el cannabis actual

El cannabis que circula hoy tiene concentraciones de THC más altas que hace años. El THC es el componente psicoactivo que da la sensación de colocón, pero también es el que más se relaciona con ansiedad, paranoia y síntomas psicóticos. Además, la forma de consumo ha cambiado: ya no es solo el porro del finde, muchas personas fuman varias veces al día para dormir, para comer, para estudiar o para soportar el estrés. A más dosis y más frecuencia, más impacto sobre el cerebro.

Qué es la psicosis

La psicosis es un estado en el que la persona pierde parcialmente el contacto con la realidad. Puede percibir cosas que no están (alucinaciones), puede sostener ideas que no tienen base real pero que para ella son absolutamente ciertas (delirios), puede pensar de forma desorganizada o mostrarse muy desconfiada. A veces dura horas o días, otras veces es el inicio de un trastorno psicótico más estable. Y a veces está muy vinculada a una sustancia.

Cómo puede el cannabis desencadenar psicosis

El THC actúa sobre receptores del cerebro que modulan la percepción, el estado de ánimo y el procesamiento de la información. En la mayoría de personas esto se traduce en relajación. Pero si el cerebro ya era vulnerable —por genética, por edad temprana, por estrés intenso, por falta de sueño o por otros consumos— esa misma acción puede desestabilizar. La persona empieza a interpretar señales neutras como amenazantes (“están hablando de mí”), a conectar ideas que no tienen relación o a sentirse observada. Es decir, el cannabis no “crea” la psicosis de la nada, pero sí puede ser el empujón que hacía falta.

Quiénes tienen más riesgo

  • Adolescentes que empiezan a fumar muy pronto, cuando el cerebro aún está madurando.
  • Personas con antecedentes familiares de esquizofrenia o de otros trastornos psicóticos.
  • onsumidores diarios o casi diarios, sobre todo de variedades muy potentes o concentrados.
  • Personas con mucha ansiedad, trauma o depresión que usan el cannabis para calmarse.
  • Consumidores que mezclan con alcohol u otras drogas y duermen poco.
  • En estos perfiles, seguir fumando “porque todos fuman” no es una buena idea.

Episodios psicóticos inducidos por cannabis

Un caso típico es el de la persona que fuma, al rato empieza a notar el corazón muy rápido, se agobia y empieza a pensar que algo malo va a pasar. La ansiedad sube y empieza a interpretar las miradas o los ruidos como señales de peligro. Puede creer que le siguen, que le espían o que está envenenado. Eso puede durar horas o un par de días. A veces se pasa solo, pero eso no significa que no sea serio. Es una señal clara de que el cerebro no está tolerando bien el THC.

Cuando la psicosis se queda

En algunas personas, sobre todo en las que ya tenían predisposición, el episodio no se va del todo o vuelve con más facilidad. Es decir, el cannabis adelanta varios años el inicio de un trastorno psicótico que quizá habría aparecido más tarde o que quizá no habría aparecido. Por eso insistimos tanto en la prevención en adolescentes y en familias con antecedentes: aquí el “no pasa nada” no vale.

Cannabis, adicción y modelo de Momento

Muchas veces el porro no es solo ocio, es regulación emocional. La persona fuma porque se calma, porque duerme, porque deja de pensar. Es la misma lógica que vemos en otras adicciones: uso algo externo para no sentir algo interno. El problema es que el cannabis, además de no resolver el malestar, puede añadir un problema nuevo si hay vulnerabilidad a la psicosis. Por eso en tratamiento no nos quedamos en “deja el porro”, sino que enseñamos otras formas de calmarse, de dormir y de manejar la ansiedad para que no haya que volver al consumo.

Qué hacer si ya hubo un susto

Si después de fumar ha habido ideas raras, mucha paranoia o una desconexión llamativa, hay que parar el consumo por completo y pedir valoración médica o psiquiátrica. No se trata de bajar de cinco porros a dos, se trata de suspender. Después conviene una evaluación psicológica para ver qué estaba sosteniendo el consumo y cómo prevenir recaídas. Y es muy útil implicar a la familia para que entienda que no fue “una chorrada”, sino un aviso del cerebro.

Preguntas frecuentes sobre cannabis y psicosis

No, pero en personas vulnerables aumenta de forma clara el riesgo y puede adelantarla.

No es recomendable. Cada nuevo consumo puede disparar un episodio nuevo, a veces más intenso.

Depende de la composición. Lo que más se relaciona con la psicosis es el THC alto. Muchos preparados medicinales están más orientados al CBD.

Si notas cambios de conducta, aislamiento, desconfianza, frases raras o bajón marcado después de fumar, es momento de consultarlo.

Sí. Con suspensión del consumo, tratamiento médico cuando hace falta y abordaje psicológico y familiar, el pronóstico mejora mucho.

Si el cannabis ha dejado de ser solo relajación y ha empezado a traerte desconfianza, episodios raros o miedo, es mejor no dejarlo pasar. Cuanto antes se atiende, más opciones hay de que todo quede en un susto y no en un problema mayor.

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