El slamsex
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En los últimos años ha empezado a escucharse cada vez más el término slamsex dentro de las consultas de adicciones y de salud sexual. No es una práctica sexual más ni un consumo recreativo cualquiera: es la combinación de drogas inyectadas con prácticas sexuales, con el objetivo de intensificar el placer, la desinhibición y la duración del encuentro. Esto sitúa al slamsex en una zona de altísimo riesgo, porque se juntan los peligros del consumo de sustancias por vía intravenosa con los del sexo sin control. En Centro Terapéutico Momento, en Madrid, lo vemos como una de las manifestaciones más claras de cómo una persona puede usar el sexo y las drogas para huir de un malestar interno. Por eso, más que juzgar, nos interesa entender qué hay detrás para poder ayudar a salir.

Qué es exactamente el slamsex

El slamsex es una forma de chemsex (sexo bajo los efectos de drogas) en la que las sustancias se administran por vía inyectada. Se suelen utilizar drogas estimulantes como mefedrona, metanfetamina o sustancias similares, y al inyectarlas el efecto es más rápido e intenso. Esto permite mantener relaciones sexuales durante muchas horas, con mucha euforia y con poca percepción del cansancio o del dolor. Suelen ser encuentros pactados en los que todos saben que se va a consumir y a tener sexo, a veces con varias personas y a veces durante días.

Por qué alguien llega al slamsex

Desde fuera puede parecer una conducta extrema y sin sentido, pero cuando la escuchamos en terapia suele haber motivos emocionales claros. Hay personas que llegan al slamsex porque el sexo sobrio les resulta difícil por vergüenza, por inseguridad, por miedo al rechazo o por dificultades para aceptar su identidad u orientación. Las sustancias les dan la sensación de que todo eso desaparece. Otras personas lo viven como un espacio de pertenencia: ahí se sienten vistas y deseadas. También hay quienes ya consumían en contextos sexuales y, por tolerancia, han ido subiendo el nivel hasta llegar a la vía inyectada.

Siguiendo la metodología de Momento, lo entendemos como una solución de emergencia a un dolor más profundo. El slamsex permite, durante un rato, no sentirse solo, no sentirse inadecuado, no sentirse triste. Pero lo permite a un coste muy alto.

Riesgos físicos del slamsex

El primer gran riesgo está en la propia inyección. Compartir jeringuillas o no utilizar material estéril aumenta mucho las probabilidades de contraer infecciones como VIH o hepatitis C. Incluso usando material propio, la repetición de pinchazos en poco tiempo puede dañar venas, producir flebitis o infecciones locales.

El segundo gran riesgo es el efecto de las drogas estimulantes usadas en estos encuentros. Son sustancias que aceleran el corazón, suben la presión arterial y aumentan la temperatura corporal. Combinadas con actividad sexual intensa y prolongada, pueden llevar al desmayo, al golpe de calor o a complicaciones cardiovasculares. Además, al estar muchas horas consumiendo, se duerme poco, se bebe poca agua y no se come bien, lo que deja al cuerpo muy debilitado.

Riesgos sexuales y de consentimiento

Bajo los efectos de estas drogas la percepción del dolor disminuye y la capacidad de poner límites también. Esto hace que se acepten prácticas más agresivas o más prolongadas de lo que el cuerpo puede soportar, con riesgo de desgarros o sangrado. También aumenta la probabilidad de tener sexo sin protección o de cambiar de pareja sin revisar medidas de seguridad, con el consiguiente riesgo de infecciones de transmisión sexual. En contextos de grupo puede ser más difícil decir que no o retirarse, y algunas personas después refieren haber vivido situaciones que no habrían aceptado estando sobrias. Todo esto tiene un impacto emocional posterior importante.

La resaca emocional del slamsex

Tras una sesión de slamsex no solo llega el cansancio físico. Llega un bajón emocional muy fuerte. El cerebro ha pasado muchas horas hiperestimulado por drogas y por sexo. De pronto, silencio. Vuelve la soledad, vuelve la culpa, vuelve el miedo a haber cruzado un límite. Algunas personas describen incluso un vacío existencial y pensamientos de “no puedo seguir así”. Ese bajón, si no se trabaja, se convierte en el motivo para volver a consumir: la persona recurre otra vez al slam para no sentir el bajón del slam. Ahí es donde el círculo se cierra.

Relación con otras adicciones y con la identidad

El slamsex pocas veces aparece aislado. Suele ir acompañado de uso compulsivo de aplicaciones de contactos, de consumo de porno, de otros estimulantes o de un estilo de vida muy centrado en el sexo. En algunas personas del colectivo LGTBIQ+ puede estar atravesado también por experiencias de rechazo, homofobia interiorizada o dificultades para vincularse en entornos más afectivos. El slamsex se convierte así en un lugar donde todo eso no pesa. Pero eso no quiere decir que sea sano. Al contrario: muchas veces perpetúa la idea de que solo bajo sustancias uno puede ser deseable o libre.

Cómo se aborda terapéuticamente

El tratamiento tiene que ir más allá del “deja de hacerlo”. En Centro Terapéutico Momento trabajamos en varios niveles. Primero, la seguridad: valorar riesgos médicos, recomendar analíticas, introducir reducción de daños (material propio, no consumir solo, no mezclar tantas sustancias). Después, la parte sexual: qué tipo de sexualidad estaba buscando la persona, qué le aportaba, qué temores había detrás del sexo sobrio. Y en paralelo, la parte emocional: soledad, autoestima, identidad, duelos, traumas, sensación de no pertenecer. Cuando esa parte mejora, la necesidad de prácticas tan intensas baja. También es importante acompañar el cambio de entorno social cuando el grupo habitual está muy metido en estas prácticas, porque mantener la abstinencia ahí dentro es muy difícil.

Preguntas frecuentes sobre el slamsex

Puede formar parte de una adicción, sí. Sobre todo cuando hay pérdida de control, repetición a pesar de las consecuencias y uso para no sentir malestar.

Sí, porque la vía inyectada añade el riesgo de infecciones y porque suele implicar dosis más altas y encuentros más largos.

El riesgo nunca desaparece. Se pueden aplicar medidas de reducción de daños, pero sigue siendo una práctica de alto riesgo.

Porque el cerebro pasa de una hiperestimulación intensa a la calma de golpe y porque vuelven las emociones que se estaban tapando.

Sí. Con ayuda profesional, trabajando la parte emocional y sexual y, a veces, cambiando de entornos, es posible salir del circuito.

Si te has visto en alguna parte de este texto, si has participado en sesiones de slamsex y te preocupa seguir, o si alguien cercano está empezando a hacerlo, es un buen momento para pedir ayuda. Cuanto antes se interviene, menos impacto tiene en la salud física, sexual y emocional.

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