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Abuso de sustancias y violencia doméstica
Índice de contenido Un testimonio sobre adicción, codependencia y violencia Por qué el consumo y la …
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La cocaína es una droga altamente adictiva. El uso a largo plazo puede cambiar gradualmente el sistema de recompensa del cerebro, lo que aumenta el riesgo de adicción. En los consumidores ocasionales, los problemas sociales o físicos son poco frecuentes, pero no existe una cantidad segura de cocaína.
Durante mucho tiempo se ha pensado que la cocaína es una sustancia “de fin de semana”, compatible con una vida normal y que se puede controlar sin dificultad. La realidad clínica es más compleja: el consumo que empieza siendo social puede volverse habitual sin que la persona lo advierta, y cuando lo hace, la dependencia ya está instalada. En este artículo repasamos qué efectos tiene la cocaína sobre el cuerpo y el cerebro, qué riesgos conlleva, por qué mezclarla con alcohol es especialmente peligroso y qué opciones de tratamiento existen.
La cocaína actúa sobre el sistema de recompensa del cerebro, la red que nos hace sentir placer y motivación cuando hacemos algo que nos conviene. Al consumirla, ese sistema se activa de forma muy intensa y rápida, pero el efecto es breve. Esa combinación, un subidón fuerte seguido de una bajada, favorece que la persona quiera repetir enseguida.
Con el tiempo, el cerebro se adapta y deja de responder igual a los estímulos cotidianos. Lo que antes resultaba agradable, como una comida, un rato con amistades o un logro en el trabajo, pierde fuerza frente a la sustancia. Es el mecanismo que explica por qué muchas personas con adicción acaban prefiriendo la cocaína a cualquier otra actividad. Si te interesa entender mejor este proceso, lo explicamos con más detalle en nuestro artículo sobre la neurobiología de la adicción.
Pero la sustancia no lo explica todo. En MOMENTO entendemos que la adicción no depende solo de la droga, sino de la función que cumple en la vida de la persona: puede servir para rendir más, para desinhibirse, para aguantar el estrés o para anestesiar el malestar. Por eso el tratamiento no se limita a dejar de consumir.
Las personas con adicción pueden llegar a preferir tomar cocaína a cualquier otra actividad. Sus estilos de vida pueden alterarse por completo a medida que la adicción se afianza. La persona puede perder su trabajo, su hogar y su familia, y acabar en bancarrota. Las consecuencias pueden ser fatales.
Más allá de las pérdidas más visibles, hay señales que suelen aparecer antes y que conviene reconocer:
Si reconoces varias de estas señales en ti o en alguien cercano, conviene pedir una valoración profesional cuanto antes.
Los consumidores de cocaína corren un alto riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y ataques cardíacos. Una sobredosis puede provocar convulsiones, insuficiencia cardíaca potencialmente mortal, hemorragia cerebral, accidente cerebrovascular e insuficiencia respiratoria.
El uso regular, incluso sin una sobredosis, aumenta el riesgo de consecuencias negativas para la salud. No existe un medicamento específico para tratar la sobredosis de cocaína, por lo que cualquier sospecha debe tratarse como una urgencia médica: ante convulsiones, dolor en el pecho, dificultad para respirar o pérdida de conciencia, hay que llamar al 112.
Algunos estudios han demostrado que quienes inyectan o fuman cocaína tienen un mayor riesgo de complicaciones que las personas que la inhalan. Fumar cocaína también aumenta el riesgo de desarrollar problemas respiratorios, como falta de aliento, tos y trauma pulmonar, incluido el sangrado.
Los científicos de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, identificaron una estructura cerebral anormal en el lóbulo frontal de los consumidores de cocaína. El equipo examinó los cerebros de 120 personas, la mitad de las cuales tenían adicción a la cocaína. Los resultados mostraron una pérdida generalizada de materia gris entre los consumidores, y la pérdida fue mayor entre quienes habían usado la droga durante más tiempo.
Se encontró además que los ganglios basales, una parte del cerebro que alberga el sistema de recompensa, eran más grandes entre las personas que dependían de la cocaína. Los científicos creen que los ganglios basales ya estaban agrandados antes de que comenzara la adicción. Esto sugeriría que algunas personas podrían ser más vulnerables a los efectos adictivos de la cocaína.
Este último dato es importante para quitar culpa y mirar el problema con realismo: no todas las personas tienen la misma vulnerabilidad, y quien tiene mayor predisposición no “es más débil”: simplemente está más expuesta. Al mismo tiempo, la pérdida de materia gris en el lóbulo frontal, una zona relacionada con la planificación y el control de los impulsos, ayuda a entender por qué a la persona le cuesta tanto frenar el consumo aunque quiera hacerlo.
Las investigaciones indican que el consumo de cocaína puede aumentar significativamente el riesgo de un ataque al corazón o un derrame cerebral. Se ha encontrado que los consumidores recreativos de cocaína tienen arterias más rígidas, paredes musculares del corazón más gruesas, presión arterial más alta y un mayor riesgo de endurecimiento de la aorta, en comparación con las personas que nunca han usado la droga.
Es decir, no hace falta tener una adicción grave para sufrir daño cardiovascular: incluso el consumo que se considera “recreativo” deja huella en el sistema circulatorio. La cocaína estrecha los vasos sanguíneos y acelera el corazón al mismo tiempo, una combinación que exige un esfuerzo extra al organismo y que puede tener consecuencias graves incluso en personas jóvenes y aparentemente sanas.
El uso de cocaína también puede tener los siguientes efectos:
La adicción puede provocar cambios perjudiciales en el estilo de vida y riesgos para la salud. El tratamiento puede ser la clave para preservar las relaciones y la salud.
Además del daño físico, la cocaína afecta a la salud mental. La paranoia, la ansiedad y la irritabilidad pueden deteriorar la convivencia y las relaciones de pareja, familiares y laborales mucho antes de que aparezcan los problemas médicos más serios. Si estos síntomas son intensos o persisten, es importante consultar con un profesional sanitario.
Las personas que abusan de sustancias a menudo toman más de una al mismo tiempo. Cuando una persona consume cocaína y alcohol juntos, el hígado produce cocaetileno. El cocaetileno prolonga los efectos eufóricos de la cocaína y los hace más intensos. Por esa razón, quienes consumen drogas a veces lo buscan como droga recreativa. Sin embargo, su uso está relacionado con un riesgo significativamente mayor de muerte súbita, en comparación con la cocaína sola.
La combinación de cocaína y alcohol es muy habitual en contextos de ocio, y precisamente por eso tiende a pasar desapercibida: el alcohol baja la sensación de estar “pasado” y la cocaína tapa la sensación de embriaguez, lo que lleva a seguir consumiendo más de lo previsto. Cuando conviven varias sustancias, el abordaje tiene que contemplar todas ellas; hablamos de ello en nuestro artículo sobre poliadicción.
Reconocer que se tiene una adicción es el primer paso para recuperarse. Dependiendo de la naturaleza del abuso, lo recomendable es buscar ayuda en un programa de rehabilitación residencial o en un programa de día estructurado como el de MOMENTO.
Los medicamentos pueden tratar los síntomas relacionados con la abstinencia de la cocaína, pero no hay un medicamento sustituto que pueda ayudar a una persona a recuperarse de una dependencia de la cocaína. Quienes dejan de usar la droga tendrán antojos poderosos que pueden durar años. El asesoramiento, el apoyo social y algunos medicamentos especializados pueden ayudar. Cualquier decisión sobre medicación debe tomarla un profesional médico tras una valoración individual.
La Agencia Nacional de Tratamiento para el Uso Indebido de Sustancias (NTA, por sus siglas en inglés) dice que el 70 % de las personas que reciben tratamiento por problemas de cocaína en polvo dejan de consumir por completo o reducen significativamente su consumo en un plazo de seis meses. Es un dato alentador sobre la importancia de pedir ayuda, aunque cada persona y cada proceso son distintos y no puede entenderse como una garantía.
Dado que los antojos pueden durar años, es fundamental que el tratamiento incluya herramientas para identificar situaciones de riesgo, gestionar las emociones y reconstruir una vida con sentido sin la sustancia. Las recaídas no son una prueba de fracaso ni de falta de voluntad, sino parte de lo que puede ocurrir en un proceso largo, y se trabajan con responsabilidad pero sin culpabilizar. Hemos dedicado un artículo a entender las recaídas sin culpa.
En el caso de la cocaína, también tiene peso el entorno: las personas, los lugares y los hábitos asociados al consumo actúan como detonantes. Por eso, además del trabajo individual, es importante contar con una red de apoyo, y la familia puede formar parte del proceso. Si el consumo ha sido intenso o prolongado, la desintoxicación, cuando procede, se realiza en clínica especializada con supervisión médica y psiquiátrica, y después continúa el trabajo terapéutico.
En MOMENTO, centro de tratamiento de adicciones en Madrid fundado en 2014, cada proceso empieza con una valoración inicial en la que escuchamos tu situación y orientamos el recurso más adecuado. Contamos con un programa residencial de convivencia supervisada las 24 horas, con un mínimo inicial de tres meses, un programa ambulatorio de mañana y de tarde, vivienda de apoyo y trabajo con familias. Si quieres conocer nuestro enfoque específico, tienes más información sobre el tratamiento de la adicción a la cocaína en Madrid.
Cualquier persona que esté preocupada por el consumo de cocaína, propio o de alguien cercano, nos puede consultar sin compromiso. Atendemos las 24 horas en el 608 78 34 25. Podemos ayudarte.
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