

Apego y adicción
Apego y adicción
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Cuando hablamos de adicciones, muchas veces nos quedamos en la parte visible: la sustancia, el juego, la pantalla, el sexo. Pero en terapia, y especialmente desde la forma de trabajar de Centro Terapéutico Momento en Madrid, sabemos que debajo de esa conducta hay casi siempre una historia de vínculos. Es decir, una historia de apego. El apego es la forma en que aprendimos de pequeños a relacionarnos con las figuras que nos cuidaban, a pedir ayuda, a sentirnos seguros o inseguros, a creer que el otro estará o no estará. Si ese aprendizaje fue seguro, tendremos más recursos para regularnos de adultos. Si fue inseguro, es más probable que, cuando aparezca el dolor o la soledad, busquemos soluciones rápidas. Ahí es donde la adicción entra como un sustituto: si no tengo un otro fiable, tengo una sustancia fiable. Si no puedo confiar en que me van a calmar, me calmo yo con alcohol, con porno, con comida o con trabajo.
Qué es el apego y por qué importa en adicciones
El apego es el vínculo emocional profundo que se establece en la infancia con las figuras de referencia. Nos sirve para sentir seguridad y para explorar el mundo. Cuando ese vínculo es estable, predecible y afectuoso, el niño internaliza la idea de “soy digno de cuidado y el otro está disponible”. A eso lo llamamos apego seguro. Pero cuando el vínculo es intermitente, invasivo, frío, caótico o demasiado centrado en otros problemas (como una adicción en la familia), el niño puede aprender que el otro no siempre está, que para que le vean tiene que adaptarse o que necesita esconder lo que siente. Ese es el apego inseguro. Y el apego inseguro, en la vida adulta, se traduce en una menor capacidad para regular las emociones por uno mismo. Si no puedo calmarme con un vínculo, me calmo con una conducta.
Apego inseguro como terreno de la adicción
Las adicciones funcionan, al principio, como un analgésico emocional muy eficaz. El alcohol, las drogas, el juego o las conductas sexuales intensas te sacan durante un rato de la angustia, de la soledad, de la vergüenza o del miedo a no ser querido. Es lo mismo que hacía el vínculo seguro cuando éramos niños: nos calmaba. Por eso tantas personas con historias de apego inseguro dicen “yo empecé a consumir y fue como si por fin algo me diera lo que necesitaba”. No era tanto la sustancia, era la experiencia de calma. El problema es que, a diferencia de una relación sana, la sustancia pasa factura. Y para volver a sentir calma, tengo que volver a consumir. Ahí se cierra el círculo.
Tipos de apego y formas de adicción
No todas las historias de apego se parecen, y no todas las adicciones se manifiestan igual.
En el apego ansioso, la persona teme que el otro no esté, busca mucho la aprobación y siente que nunca es suficiente. Esta forma de vincularse se parece mucho a las adicciones relacionales: dependencia de la pareja, celos intensos, dificultad para soltar relaciones dañinas o uso de sexo para asegurarse el afecto. También puede haber consumo de sustancias cuando la ansiedad de separación es muy alta.
En el apego evitativo, la persona aprendió que mostrar necesidad no era seguro o que no iba a ser atendida. Entonces se volvió autosuficiente por fuera, pero por dentro sigue teniendo necesidad. Estas personas a veces se enganchan a conductas que no implican tanto al otro: trabajo excesivo, consumo en soledad, pornografía, pantallas. La sustancia o la conducta les permite regularse sin depender de nadie, pero a costa de aislarse aún más.
En los apegos desorganizados o muy caóticos, donde la figura que debía proteger también daba miedo, es más probable que haya conductas adictivas de mayor riesgo, impulsividad y dificultad para sostener un tratamiento. No porque la persona no quiera, sino porque no aprendió a confiar.
Apego y recaídas
Una de las cosas que más frustran a quienes están dejando una adicción es recaer cuando parece que todo iba bien. Muchas recaídas no ocurren solo porque “apareció la sustancia”, sino porque apareció una vivencia de apego: una pelea de pareja, una ruptura, una sensación de abandono, una soledad inesperada, una visita a la familia donde uno vuelve a sentirse no visto. El cuerpo recuerda: cuando me siento así, consumo. Si en el tratamiento no se nombra que lo que duele no es solo no beber, sino no sentirme querido, la persona puede pensar que ha fallado, cuando en realidad se ha activado una herida muy antigua. Por eso en Momento insistimos en trabajar los vínculos, no solo el síntoma.
Reparar el apego en el tratamiento
La buena noticia es que el apego no es una condena. Se puede reparar. La terapia, cuando está bien hecha, ofrece una experiencia de vínculo distinta: alguien que está, que pone límites, que no se asusta, que no desaparece si le cuentas tu peor parte. Eso es muy poderoso para alguien que aprendió que si mostraba su necesidad lo iban a ignorar o a humillar. Poco a poco, la persona va internalizando otra idea: “puedo pedir ayuda y no pasa nada”. Y cuando se puede pedir ayuda, la necesidad de consumir baja. Además, trabajar el apego implica también trabajar las relaciones actuales: pareja, familia, hijos. Porque muchas veces la adicción se mantiene porque en casa se repite el mismo patrón de no escuchar o de controlar que había en la infancia.
Apego, soledad y cultura de la inmediatez
Vivimos en una cultura que no fomenta precisamente el apego seguro: relaciones rápidas, contacto virtual, poca disponibilidad real. Si a eso se suma una historia personal de carencia afectiva, es muy fácil que la persona termine en soluciones inmediatas: una raya, una botella, una app de sexo, una compra. Son “pseudovínculos”: dan la sensación de que estoy acompañado, pero en realidad sigo solo. Entender esto ayuda a dejar de culparse (“no tengo fuerza de voluntad”) y a verlo en el contexto correcto (“cuando me siento solo, busco algo rápido; cuando me siento acompañado de verdad, no me hace tanta falta”).
Preguntas frecuentes sobre apego y adicción
Si has vivido relaciones inestables o te has sentido poco visto en tu infancia, es normal que ciertas emociones te resulten insoportables y busques alivio rápido. Entender el papel del apego no justifica la adicción, pero sí la explica y la hace tratable. Y cuando se trata también esa parte, la recuperación es más profunda y dura más.



