Abuso de sustancias y violencia doméstica

12 de diciembre de 2018

Abuso de sustancias y violencia doméstica

Con demasiada frecuencia, el abuso de sustancias y la codependencia pueden llevar a la violencia doméstica. No ocurre siempre ni de la misma manera, y el consumo nunca es una excusa para maltratar. Pero quienes trabajan en recuperación conocen bien un patrón que se repite: personas con una historia de carencias afectivas, relaciones en las que el consumo está presente y una vergüenza tan grande que impide pedir ayuda.

Recogemos el testimonio de varias mujeres tal cual lo cuenta Marie Edmonds y después lo analizamos desde nuestra experiencia en tratamiento de adicciones.

Un testimonio sobre adicción, codependencia y violencia

Cuando Marie Edmonds era una niña, su padre se fue cuando solo tenía cuatro años. Su madre, luchando contra la adicción a las drogas, era distante y violenta. Edmonds se centró en sobrevivir a su infancia y no se dio cuenta hasta mucho más tarde de que sus traumas la afectarían durante los años siguientes.

“Su codependencia se formó”, dijo Edmonds, quien ahora trabaja para Serenity Health and Substance Abuse, una organización del Reino Unido que brinda tratamiento y conecta a las personas con otros recursos de recuperación.

A medida que creció, Edmonds se metió en una serie de relaciones tóxicas y codependientes, que empeoraron por el hecho de que ella y sus parejas estaban consumiendo drogas. Ahora, Edmonds trata de educar a otras personas sobre la superposición de la adicción y la violencia doméstica.

“Tenía una necesidad desesperada de ser amada, y me conformaba con el abuso a cambio del consuelo que recibía de mis maltratadores”, dijo. “Cualquier atención era mejor que ninguna”.

La violencia doméstica y el abuso en el consumo de sustancias a veces pueden ir de la mano. En su papel en Serenity Health y durante su propia recuperación, Edmonds ha conocido a muchas mujeres que han sido maltratadas por sus parejas, que comparten su adicción a las drogas. También ve que las personas que han crecido en familias con adicciones se vuelven codependientes en sus relaciones sentimentales, exponiéndose a los maltratos.

“Hay muchas mujeres que han sido golpeadas, controladas y maltratadas por hombres”, dijo Edmonds.

Cuando la relación sentimental de Leanne se volvió tóxica, su adicción a las drogas le impidió acudir a la policía en busca de ayuda.

“En mi mente en ese momento, la policía realmente no podía ayudarme. También estaba en consumo activo”, le dijo Leanne a Edmonds. “Estaba en un lugar muy oscuro. Me sentí avergonzada y rota”.

Después de solo dos años y medio de recuperación, Leanne está limpia y sobria, y mantiene una relación saludable. Comparte su historia para ayudar a otras personas.

Emma, que era alcohólica, conoció a su pareja en un bar donde trabajaba.

“Parecía tan encantador”, recordó ella. Sin embargo, después de que la pareja se mudara a vivir junta, el abuso se volvió físico, y su compañero incluso la golpeó mientras ella sostenía a su hijo de un año.

Emma lleva cuatro años sobria y hace ocho que salió de esa relación. Sin embargo, dijo que el abuso tuvo efectos a largo plazo en ella.

“Durante mucho tiempo no podía imaginar una relación en la que no me lastimaran”, dijo. “Entonces me enfadé mucho. He arremetido contra los hombres sin ninguna razón. Todavía tengo pesadillas y flashbacks. Me ha llevado tanto tiempo reconstruir mi confianza”.

Incluso las mujeres que se están recuperando de su trastorno por consumo pueden ser vulnerables a las relaciones tóxicas porque tienen una baja autoestima, dijo Edmonds. Ella misma se encontró en una relación emocionalmente dañina cuando llevaba dos años sobria.

“Me quedé”, dijo ella. “Incluso después de todo el trabajo que había hecho, mi baja autoestima me llevó a creer que eso era todo lo que valía”.

“Me he encontrado con algunas mujeres en reuniones que han mantenido relaciones tóxicas con parejas que se están recuperando”, dijo Edmonds. “Y nunca lo hubieras sabido ni lo hubieras adivinado en el momento en que esto les estaba sucediendo”.

Sam conoció a su pareja en una reunión. Él estaba en recuperación, y ella lo puso en un pedestal. Sin embargo, él continuó abusando de ella mental y emocionalmente, aislándola de su círculo de recuperación.

Al igual que con la adicción, una parte importante de romper el ciclo de la codependencia consiste en llegar a la raíz del problema y sanar esas heridas, dijo Edmonds.

“Estoy trabajando en mi codependencia. Estoy trabajando en mi trauma alrededor de mi madre y mi padre, con quienes también he encontrado un cierto nivel de compasión y perdón”, dijo. “¿Sigo sintiendo la necesidad de ser amada, valorada y deseada por un hombre? Por supuesto que sí. Soy humana y los humanos necesitamos amor para sobrevivir. La diferencia es que hoy ya no busco amor en lugares fríos; si viene, viene, y si no, no. Tengo todo el amor que necesito, de mis hijos, de mi padrino y de mis amigas, que me valoran y me cuidan para ayudarme a crecer. Y por ahora, eso es todo el amor que necesito”.

Fuente: The Fix

Por qué el consumo y la violencia aparecen juntos

Cuando se habla de consumo de sustancias y violencia en la pareja, conviene empezar por una aclaración importante: consumir no convierte a nadie en una persona violenta, y la violencia nunca está justificada por haber bebido o consumido. Muchas personas con adicción jamás agreden a nadie, y muchas personas que ejercen violencia no tienen ningún problema con las drogas. Lo que sí observamos es que ambas situaciones comparten terreno con frecuencia.

Hay varias razones. Las sustancias reducen la capacidad de frenar impulsos, aumentan la irritabilidad y distorsionan la percepción del peligro. Además, la vida alrededor del consumo suele estar llena de tensión: dinero que falta, mentiras, discusiones que se repiten.

Cuando ambos miembros de la pareja consumen, el consumo compartido crea complicidad y también dependencia mutua. Si una de las dos personas tiene más poder, la otra queda todavía más atrapada: el consumo se convierte en una forma de control, y el miedo a perder la sustancia, la casa o la relación mantiene a la persona en una situación que, desde fuera, parece incomprensible.

La codependencia y las heridas de la infancia

Edmonds sitúa el origen de su patrón en una infancia con una madre con adicción, distante y violenta, y un padre ausente. Quien crece en un hogar donde el afecto es impredecible aprende que querer es sinónimo de aguantar y de estar pendiente del estado de ánimo del otro, y lleva esa lección a las relaciones adultas.

La codependencia no es una enfermedad con un diagnóstico cerrado, sino una forma de relacionarse en la que la propia valía depende de cuidar, rescatar o complacer a la otra persona, incluso a costa del propio bienestar. Puede aparecer en quien tiene una adicción y también en quien convive con ella. Si quieres profundizar en cómo se forma y cómo se trabaja, tenemos un artículo sobre la codependencia y cuándo ayudar se convierte en parte del problema.

La frase “cualquier atención era mejor que ninguna” resume un mecanismo habitual: cuando la necesidad de afecto es muy grande, se tolera lo que en otras circunstancias resultaría inaceptable. Entenderlo no justifica a quien maltrata; sirve para dejar de culpar a quien lo sufre.

La vergüenza y las barreras para pedir ayuda

El caso de Leanne ilustra una barrera frecuente: la persona en consumo activo que sufre violencia piensa que no tiene derecho a pedir protección. Teme que no la crean o que la juzguen por consumir. Esa vergüenza funciona como un candado.

Conviene que quede claro: haber consumido, o seguir consumiendo, no invalida el derecho a vivir sin violencia ni a recibir ayuda. Los recursos de atención a víctimas existen para cualquier persona que esté sufriendo maltrato, con independencia de su situación personal.

Otras barreras habituales son el miedo a represalias, la esperanza de que “cuando deje de consumir, cambiará” y el aislamiento, que hace perder la perspectiva.

La recuperación no vacuna frente a las relaciones dañinas

Una de las partes más valiosas del testimonio rompe un mito: pensar que, al dejar de consumir, todo lo demás se arregla solo. Emma lleva años sobria y aun así convive con pesadillas y desconfianza. Edmonds volvió a una relación dañina con dos años de sobriedad, y el caso de Sam muestra que incluso los entornos de recuperación pueden ocultar dinámicas de control.

Esto nos dice algo esencial: dejar la sustancia es el comienzo, no el final. Si no se trabajan la autoestima, el trauma y la manera de vincularse, la persona sigue expuesta a repetir patrones. Por eso hablamos de sobriedad emocional, y no solo de abstinencia; puedes leer más sobre cómo mantener la sobriedad emocional.

Ante una relación que aísla, controla, humilla o hace sentir miedo, la pregunta importante no es “¿está en recuperación?”, sino “¿me trata con respeto?”.

Señales de alerta y qué hacer si sufres violencia

La violencia no siempre empieza con golpes. Muchas veces comienza con formas sutiles que se van acumulando. Algunas señales que conviene tomarse en serio:

  • Te controla el móvil, el dinero, la ropa o con quién te ves.
  • Te aísla poco a poco de tu familia, de tus amistades o de tu grupo de apoyo.
  • Te humilla o te hace sentir que sin esa persona no vales nada.
  • Te culpa de su consumo o de sus recaídas, o te impide asistir a tu tratamiento.
  • Sientes miedo de su reacción.

Si te reconoces en varias, no esperes a que la situación sea más grave para pedir ayuda.

Si estás en una situación de violencia, hay pasos que pueden ayudarte; no es necesario darlos todos a la vez.

  • Si hay peligro inmediato, llama al 112, el número de emergencias.
  • Si eres víctima de violencia de género, puedes llamar al 016, el servicio de atención a víctimas de violencia de género. Es un teléfono de información y asesoramiento; ten en cuenta que la llamada puede quedar registrada en el móvil, así que valora borrarla si convives con la persona agresora.
  • Habla con alguien de confianza: una amiga, un familiar, tu profesional de referencia o tu grupo de apoyo. Romper el silencio ya es un paso enorme.
  • Piensa en un lugar seguro al que acudir si necesitas salir con rapidez.
  • Si estás en tratamiento por una adicción, cuéntaselo a tu equipo terapéutico: puede ayudarte a valorar tu seguridad y a coordinar el apoyo.

Si estás en consumo activo, lo prioritario es tu seguridad: pedir ayuda por la violencia y por el consumo pueden abordarse en paralelo.

Cuando la persona que consume es quien ejerce la violencia

Si convives con una persona con adicción que te agrede o te intimida, tu seguridad va primero. No eres responsable de su consumo ni de su conducta, y no tienes que “aguantar hasta que se recupere”.

Creemos en la responsabilidad sin culpabilizar: la adicción explica parte del comportamiento, pero no lo disculpa. Quien ejerce violencia necesita asumir lo que hace, y eso es compatible con un tratamiento que aborde el consumo y los patrones de conducta. Para las familias, el trabajo con los allegados es fundamental: puedes conocer nuestro enfoque en el programa de familia.

Sanar las heridas: lo que muestra el relato de Edmonds

El final del testimonio no habla de un amor que llega por fin, sino de un cambio de lugar: “ya no busco amor en lugares fríos”. Su recuperación no consistió solo en no consumir, sino en reconstruir una red segura y en trabajar su historia. Ese es el camino que acompañamos: entender qué función cumplía la sustancia y la relación dañina en la vida de la persona y reconstruir, poco a poco, la autoestima y la confianza. No hay atajos ni promesas, pero sí se puede salir de estos círculos con apoyo.

Cómo podemos ayudarte en MOMENTO

Si te identificas con alguna de estas historias, o si te preocupa una persona de tu entorno, puedes consultarnos sin compromiso. En MOMENTO, centro de tratamiento de adicciones en Madrid fundado en 2014, cada proceso empieza con una valoración inicial en la que escuchamos tu situación y orientamos el recurso más adecuado: programa residencial con convivencia supervisada, programa ambulatorio o vivienda de apoyo, además de trabajo con familias.

Atendemos las 24 horas en el 608 78 34 25 y también puedes escribirnos desde la página de contacto. Recuerda que, si hay riesgo inmediato, debes llamar al 112, y que el 016 atiende a las víctimas de violencia de género. Podemos ayudarte.

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