Noemí, una historia de recuperación de adicciones
Noemí, una historia de recuperación de adicciones

Noemí, una historia de recuperación de adicciones

Noemí, una historia de recuperación de adicciones

Puedes compartirlo:

Índice de contenido

Este episodio de Recuperación sin reservas presenta el testimonio de Noemí, una mujer que lleva más de 18 meses sin consumir drogas y que comparte abiertamente su historia de adicción, dolor emocional y proceso de recuperación. Desde el inicio, Noemí describe sus 18 meses limpia como un milagro y una profunda sensación de gratitud, ya que durante años sintió que no podía dejar de consumir a pesar de desearlo.

Su consumo comenzó en la adolescencia, alrededor de los 15 o 16 años, cuando empezó a beber alcohol con sus amigas en un ambiente festivo. Aunque en un principio parecía algo normal, pronto empezó a beber en exceso y más adelante probó otras sustancias, como la cocaína. Lo que empezó como curiosidad se convirtió rápidamente en una herramienta para aliviar un profundo malestar emocional. Noemí explica que consumía para calmar un dolor interno, una intensa soledad, la falta de cariño y un “ruido mental” constante. En casa no había un buen ambiente y pasaba mucho tiempo sola, lo que incrementaba su angustia.

El entrevistador señala que, aunque muchas personas experimentan con sustancias, algunas las incorporan a su vida porque encuentran en ellas un alivio emocional que no han logrado de otra manera. Para Noemí, consumir no era una forma de divertirse sino de dejar de sentir tanto dolor. Con el tiempo, descubrió que su problema no era solo el consumo, sino una condición adictiva previa, marcada por la hiperactividad, la impulsividad y una sensación de ser diferente desde niña. Aunque estos rasgos no significan necesariamente adicción, combinados con antecedentes familiares y un entorno disfuncional, aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Noemí reconoce ahora que su entorno familiar era disfuncional y que esa falta de vínculos emocionales sanos influyó en su vacío interior. Afirma que desde sus primeros consumos ya había señales de adicción: mientras sus amigas querían irse, ella deseaba quedarse; justificaba siempre su consumo y lo vivía como una necesidad básica, casi como comer o beber agua.

A pesar de las pérdidas —familia, amistades, trabajos, estabilidad— continuaba consumiendo porque las drogas le ofrecían un alivio momentáneo que su cerebro percibía como supervivencia. En retrospectiva, entiende que vivía en una fantasía: creía que tenía éxito, que su familia seguía ahí y que llevaba una vida normal, cuando en realidad estaba cada vez más sola, fracasada y alejada de todo lo que buscaba al consumir.

Su historia muestra cómo la adicción, más allá del consumo, es una lucha profunda contra el dolor emocional, y cómo la recuperación empieza al comprender ese malestar interno.

Índice de contenido

Podemos ayudarte

Contacta con Momento

Otros artículos de interés