psicologia
Apego y adicción
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Cuando pensamos en las personas que sufren a causa de una adicción, es habitual centrar toda la atención en quien consume la sustancia o mantiene la conducta problemática. Sin embargo, alrededor de esa persona suele existir otra, a menudo una pareja, un padre, una madre o un hijo adulto, que ha ido organizando buena parte de su vida en torno a intentar controlar, compensar o solucionar los problemas derivados de esa adicción. Esta dinámica, conocida como codependencia, es uno de los fenómenos más frecuentes -y menos comprendidos- entre los familiares de personas con problemas de adicción.
Lejos de ser simplemente sinónimo de amor incondicional o de entrega familiar, la codependencia describe un patrón relacional en el que el bienestar propio queda subordinado, de forma casi permanente, a las necesidades, los estados de ánimo o los problemas de otra persona, hasta el punto de que la ayuda ofrecida, en lugar de facilitar un cambio, termina sosteniendo y perpetuando el propio problema de adicción. Reconocer este patrón, entender cómo se origina y aprender a modificarlo resulta esencial tanto para el bienestar de la persona codependiente como, en muchos casos, para el propio proceso de recuperación de quien tiene la adicción.
El término codependencia comenzó a utilizarse en el ámbito del tratamiento de adicciones para describir el patrón de comportamiento que desarrollaban muchos familiares -especialmente parejas- de personas con problemas de alcohol. Con el tiempo, el concepto se ha ampliado y hoy se entiende como un estilo relacional caracterizado por una preocupación excesiva por las necesidades de otra persona, una dificultad marcada para establecer límites, una autoestima que depende en gran medida de sentirse necesitado o de lograr que el otro esté bien, y una tendencia a asumir responsabilidades que, en realidad, corresponden a la otra persona.
No se trata de un diagnóstico clínico formal recogido en los principales manuales diagnósticos, pero sí de un patrón ampliamente reconocido y trabajado en el ámbito terapéutico, especialmente en el contexto de las adicciones, donde con frecuencia se observa junto a los llamados comportamientos facilitadores, es decir, aquellas acciones bienintencionadas que, sin quererlo, evitan que la persona con la adicción experimente las consecuencias naturales de su consumo.
La codependencia no aparece de la nada. Con frecuencia tiene raíces en experiencias tempranas: haber crecido en una familia donde ya existía una adicción u otro tipo de disfunción, haber asumido desde la infancia un rol de cuidado hacia un progenitor, o haber aprendido que el propio valor personal dependía de ser útil o necesario para los demás. Estos aprendizajes tempranos, absolutamente comprensibles como estrategias de supervivencia en su momento, pueden trasladarse después a las relaciones adultas, incluida la relación con una pareja o un hijo que atraviesa un problema de adicción.
También influyen factores culturales y de género: históricamente, se ha esperado de las mujeres, en particular, un rol de cuidado y sacrificio que, llevado al extremo, favorece la aparición de dinámicas codependientes que en muchos casos ni siquiera se identifican como problemáticas, sino que se viven como parte natural del papel de pareja, madre o hija.
Existen algunas señales que, cuando se presentan de forma sostenida, pueden indicar la presencia de un patrón codependiente en la relación con una persona que tiene una adicción:
Uno de los aspectos más complejos de la codependencia es que, con frecuencia, sin ninguna mala intención, termina retroalimentando el propio problema de adicción. Cuando una persona asume de forma sistemática las consecuencias del consumo de otra -pagar sus deudas, justificar sus faltas al trabajo, encubrir episodios de consumo ante la familia-, está, sin proponérselo, reduciendo la presión natural que llevaría a esa persona a plantearse un cambio. Este fenómeno se conoce habitualmente como facilitación o enabling, y constituye uno de los focos de trabajo más importantes tanto en la terapia individual de la persona codependiente como en el abordaje familiar del problema de adicción.
Esto no significa, en absoluto, que la codependencia sea responsable de la adicción del otro, ni que la solución pase por dejar de querer o de preocuparse. Significa, más bien, que existe una diferencia importante entre acompañar y sostener, entre apoyar el proceso de cambio de otra persona y, sin darse cuenta, hacer más fácil que ese cambio nunca llegue a producirse.
Vivir instalado en un patrón codependiente durante un tiempo prolongado tiene un coste psicológico considerable. No es infrecuente que las personas codependientes desarrollen síntomas de ansiedad y agotamiento emocional, una autoestima muy frágil y dependiente de la aprobación externa, dificultades para identificar sus propias necesidades y deseos, e incluso problemas de salud física asociados al estrés crónico. En muchos casos, además, este patrón se repite en distintas relaciones a lo largo de la vida, si no se trabaja de forma específica.
El camino hacia una relación más equilibrada pasa, en primer lugar, por reconocer el patrón sin culpabilizarse por él: la codependencia se aprende, y también se puede desaprender. A partir de ahí, resulta útil ir practicando, de forma progresiva, la diferenciación entre lo que corresponde a uno mismo y lo que corresponde a la otra persona; aprender a tolerar el malestar que genera, al principio, dejar de intervenir o de resolver los problemas ajenos; recuperar espacios, relaciones y actividades propias que hayan quedado relegadas; y practicar el establecimiento de límites claros, comunicados con firmeza pero sin agresividad.
Dado lo arraigado que suele estar este patrón, contar con acompañamiento profesional marca una diferencia notable. La terapia individual permite explorar el origen del patrón codependiente y trabajar sobre la autoestima y los límites personales, mientras que los grupos de apoyo específicos para familiares de personas con adicciones ofrecen un espacio donde sentirse comprendido por otras personas que atraviesan una situación similar, reduciendo el aislamiento y la sensación de ser el único responsable de la situación.
Cuidar de un ser querido con una adicción no debería significar dejar de cuidarse a uno mismo. Si te reconoces en lo descrito en este artículo, en MOMENTO ofrecemos también apoyo especializado para familiares y personas en relaciones codependientes, porque sabemos que la recuperación es un proceso que involucra a todo el sistema familiar. Contacta con nuestro equipo y da el primer paso para recuperar tu propio equilibrio.
Aunque solemos asociar la codependencia casi automáticamente a las relaciones de pareja, en realidad este patrón puede aparecer en cualquier vínculo afectivo cercano, y su forma de manifestarse cambia bastante según el tipo de relación en la que se desarrolla. Entender estas diferencias ayuda a identificar la codependencia en situaciones que, a simple vista, no encajan con la imagen más habitual que se tiene de ella.
En la relación de pareja, la codependencia suele adoptar la forma más reconocible: uno de los miembros organiza buena parte de su vida emocional en torno al consumo del otro, justifica o encubre comportamientos problemáticos, y llega a sentir que su propio bienestar depende directamente de que la otra persona esté "bien" en un momento dado. Es frecuente que aparezcan sentimientos de responsabilidad desproporcionada sobre las recaídas de la pareja, así como una dificultad importante para poner límites por miedo a que establecerlos sea vivido como un abandono.
En la relación entre madres o padres y un hijo o hija adulto con una adicción, la codependencia se expresa de otra manera, muy marcada por el rol parental previo. Aquí suele predominar la sobreprotección prolongada más allá de lo que correspondería a la edad del hijo, la dificultad para aceptar que ya es una persona adulta responsable de sus propias decisiones, y la tendencia a rescatar económicamente o a asumir consecuencias que en otra etapa de su vida ya le tocaría gestionar a él o ella. El sentimiento de culpa por posibles errores en la crianza añade una capa extra que puede intensificar todavía más este patrón.
Entre hermanos, la codependencia es quizás la menos visible y la menos hablada, pero no por ello menos real. Puede aparecer en forma de un hermano o hermana que asume desde muy joven el papel de mediador familiar, encargado de suavizar conflictos, ocultar información a los padres para "proteger" al hermano con la adicción, o compensar con logros propios el sufrimiento que la situación genera en la familia. Este rol, asumido muchas veces sin ser consciente de ello, puede arrastrarse durante décadas y condicionar la forma en que esa persona se relaciona en otros ámbitos de su vida adulta.
Reconocer estas particularidades según el tipo de vínculo es útil precisamente porque permite diseñar estrategias de ayuda ajustadas a cada caso: no se acompaña de la misma manera a una pareja que a un padre, ni a un padre que a un hermano, aunque el patrón de fondo, ayudar hasta perderse a uno mismo, sea compartido por los tres.
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