Trastorno bipolar: una buena dieta puede mejorar el tratamiento

14 de octubre de 2018

Trastorno bipolar: una buena dieta puede mejorar el tratamiento

La calidad de la dieta puede afectar muchos aspectos de la salud física y el bienestar psicológico. Una nueva investigación estudia si estos factores también pueden influir en la efectividad de los tratamientos para los trastornos del estado de ánimo, especialmente los bipolares.

El estado de ánimo de las personas que tienen trastorno bipolar fluctúa entre dos extremos. Estos son los “puntos altos”, durante los cuales la persona se siente eufórica y puede tener comportamientos peligrosos, y los “puntos bajos”, caracterizados por la depresión y el letargo.

Dado que dos estados de ánimo opuestos caracterizan este trastorno, a menudo es difícil tratar tanto los “niveles altos” (o “episodios maníacos”) como los “niveles bajos” (o “episodios depresivos”) con la misma eficacia.

En este artículo recogemos lo que sugiere esa investigación y, además, lo ponemos en contexto: qué es el trastorno bipolar, qué papel puede tener la alimentación como parte de un cuidado más amplio, cómo se relaciona con el consumo de sustancias y por qué la valoración profesional es siempre el primer paso.

Lo que sugiere la investigación presentada en Barcelona

Una nueva investigación presentada en el congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, celebrado en Barcelona (España), sugiere que el peso y los hábitos alimentarios pueden influir en la eficacia de los tratamientos para el trastorno bipolar.

En particular, una dieta saludable puede ayudar a la terapia para episodios depresivos, tienen en cuenta los autores del estudio. También explican que, a la inversa, una dieta deficiente podría contribuir a aumentar la inflamación, lo que puede tener un impacto negativo en los síntomas de una persona.

“Si podemos confirmar estos resultados, entonces es una buena noticia para las personas con trastorno bipolar, ya que hay una gran necesidad de mejores tratamientos para la fase depresiva del trastorno bipolar”, afirma la investigadora principal Melanie Ashton, de la Universidad Deakin en Geelong, Australia.

El equipo estaba compuesto por científicos de numerosas instituciones académicas y de investigación en Australia, Alemania y los Estados Unidos.

Conviene leer estos hallazgos con prudencia. Como señala la propia investigadora, se trata de resultados que todavía deben confirmarse, y una asociación entre dieta y evolución del cuadro no significa que comer de una u otra forma cure ni sustituya el tratamiento. Lo que apuntan es una idea sensata: la alimentación forma parte de las condiciones en las que el tratamiento funciona mejor o peor.

Qué es el trastorno bipolar

El trastorno bipolar es un trastorno del estado de ánimo que se caracteriza por cambios marcados en el humor, la energía y la actividad. No es lo mismo que tener días buenos y días malos: los episodios duran días o semanas, se alejan claramente del funcionamiento habitual de la persona y suelen afectar a su trabajo, sus relaciones y su cuidado personal.

De forma general, se habla de dos tipos de episodio:

  • Episodios maníacos o hipomaníacos: aumento de la energía, necesidad reducida de dormir, habla rápida, ideas aceleradas, sensación de grandeza o de invulnerabilidad e impulsividad. Cuando son más intensos pueden llevar a decisiones de riesgo en el dinero, la conducción, las relaciones o el consumo.
  • Episodios depresivos: tristeza persistente, pérdida de interés, cansancio, lentitud, dificultad para concentrarse, alteraciones del sueño y del apetito y, en ocasiones, pensamientos de desesperanza.

Entre un episodio y otro pueden existir periodos de estabilidad. Los especialistas distinguen distintas formas del trastorno según la intensidad y el tipo de episodios, pero esa clasificación y el diagnóstico corresponden siempre a un profesional de la salud mental, nunca a un test casero ni a una lectura de un artículo.

Por qué es difícil tratar los dos polos con la misma eficacia

Como decíamos al principio, dos estados de ánimo opuestos definen este trastorno, y lo que ayuda en uno puede no servir, o incluso resultar contraproducente, en el otro. Por eso el tratamiento suele requerir un seguimiento médico continuado, ajustes por parte del especialista y mucha paciencia por parte de la persona y de su entorno.

La fase depresiva es, con frecuencia, la más difícil de abordar y la que más tiempo ocupa en la vida de muchas personas con este diagnóstico. De ahí que cualquier factor que pueda mejorar la respuesta al tratamiento en esa fase, como el que plantea el estudio, despierte tanto interés. La declaración de la investigadora principal, que hablaba de una “gran necesidad de mejores tratamientos”, refleja precisamente esa carencia.

Un aspecto importante es que la medicación no debe modificarse ni abandonarse por cuenta propia, ni siquiera cuando la persona se siente bien. Sentirse estable suele ser consecuencia del tratamiento, no un motivo para interrumpirlo. Cualquier cambio debe hablarse con el psiquiatra.

Dieta, peso e inflamación: cómo entender la relación

El estudio menciona dos factores: el peso y los hábitos alimentarios, y plantea la inflamación como posible vínculo. Sin entrar en tecnicismos, la idea es que una alimentación poco equilibrada puede favorecer un estado de inflamación en el organismo y que ese estado podría influir en cómo se manifiestan los síntomas. A la inversa, una dieta saludable podría acompañar mejor al tratamiento de los episodios depresivos.

Hay además razones prácticas por las que el peso y la alimentación importan en el trastorno bipolar:

  • Algunos tratamientos farmacológicos pueden afectar al apetito o al peso, y esto es algo que conviene vigilar y comentar con el médico en lugar de abandonar la medicación.
  • Durante los episodios depresivos pueden aparecer cambios en el apetito, ya sea por comer mucho menos o por comer de forma compulsiva.
  • Durante los episodios de euforia es habitual saltarse comidas o comer de forma desorganizada.
  • El malestar físico asociado al peso o a una mala alimentación puede alimentar a su vez el malestar emocional.

Todo ello justifica incluir la alimentación en la conversación clínica, no como un detalle menor, sino como parte del cuidado global de la persona.

Hábitos cotidianos que acompañan al tratamiento

Sin sustituir nunca las indicaciones de su médico, hay hábitos generales que suelen formar parte de un buen cuidado en el trastorno bipolar y que se relacionan directamente con lo que plantea el estudio:

  • Regularidad: horarios estables de comidas, de sueño y de actividad ayudan a que el organismo funcione con más previsibilidad. Los especialistas insisten a menudo en la importancia de las rutinas.
  • Alimentación variada y poco procesada: priorizar alimentos frescos, legumbres, verduras, fruta, cereales integrales y pescado frente a una dieta basada en productos ultraprocesados, azúcares y grasas de mala calidad.
  • Hidratación y alimentos con medicación: algunos tratamientos requieren mantener una hidratación y una ingesta de sal relativamente constantes. Si la persona sigue un tratamiento de este tipo, debe consultar con su médico antes de hacer cambios importantes en la dieta.
  • Cuidado del sueño: dormir poco puede desencadenar o agravar episodios en muchas personas. En nuestro artículo sobre el sueño en la recuperación de una adicción explicamos por qué este factor es tan decisivo.
  • Actividad física moderada: caminar, nadar o practicar algún deporte de forma regular beneficia al ánimo, al sueño y al peso.
  • Moderación con cafeína y estimulantes: pueden interferir con el descanso y aumentar la activación.

Si quieres profundizar en el vínculo entre comida y bienestar emocional, te recomendamos leer nutrición y alimentación en la recuperación de adicciones, donde desarrollamos estas ideas desde la experiencia de nuestro trabajo.

Trastorno bipolar y consumo de sustancias

La relación entre el trastorno bipolar y el consumo de sustancias es estrecha y bien conocida en la práctica clínica: las personas con este diagnóstico tienen con frecuencia un mayor riesgo de desarrollar problemas con el alcohol y otras drogas. Cuando un trastorno mental y una adicción coinciden en la misma persona hablamos de patología dual.

Las razones pueden ser varias y no siempre las mismas en cada persona:

  • Durante la fase de euforia, la impulsividad y la sensación de invulnerabilidad pueden empujar al consumo, a veces con la idea de “prolongar” esa energía.
  • Durante la fase depresiva, el consumo puede convertirse en un intento de aliviar el malestar, la tristeza o el vacío, algo que desde MOMENTO conocemos bien: la sustancia suele cumplir una función en la vida de la persona.
  • El alcohol y otras sustancias alteran el sueño, interfieren con la medicación y pueden desencadenar nuevos episodios o hacerlos más graves.

Cuando coexisten ambos problemas, tratar solo uno de ellos suele dar resultados limitados. Un consumo activo puede enmascarar o agravar los síntomas del trastorno, y un trastorno sin tratar puede mantener la necesidad de consumir. Por eso la valoración debe ser conjunta. Puedes leer más sobre el consumo de alcohol en nuestra página sobre alcoholismo y sobre otro cuadro con el que también se solapan las adicciones en el artículo sobre el trastorno límite de la personalidad y adicciones.

Y una precisión importante: tener un trastorno bipolar no hace a nadie responsable de su enfermedad, ni tener una adicción convierte a la persona en culpable. Entendemos la responsabilidad como la capacidad de implicarse en el propio proceso de cuidado, no como un reproche.

Un tratamiento integral: más allá de una sola medida

El abordaje del trastorno bipolar suele combinar varios elementos, siempre bajo supervisión profesional:

  • Tratamiento médico y psiquiátrico, con seguimiento regular y ajustes pautados por el especialista.
  • Psicoterapia y psicoeducación, para que la persona reconozca los primeros signos de un episodio, entienda su trastorno y construya estrategias de afrontamiento.
  • Hábitos saludables: alimentación, sueño, actividad física y rutinas, que es donde encaja lo que sugiere la investigación de este artículo.
  • Apoyo de la familia y del entorno, que puede ayudar a detectar cambios y a sostener el proceso sin invadir la autonomía de la persona.
  • Abordaje del consumo, cuando existe, de forma coordinada con el resto del tratamiento.

Ninguna de estas medidas funciona como una solución mágica, y la dieta, tal como señalan los propios autores, no es una cura sino un posible factor de apoyo a investigar. El valor está en la suma: pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo, junto con un seguimiento clínico adecuado.

Cuándo conviene pedir una valoración profesional

Es recomendable consultar con un profesional de la salud mental si se observan, en uno mismo o en un familiar, señales como:

  • Periodos de energía excesiva, poco sueño y decisiones impulsivas que no son habituales en la persona.
  • Periodos prolongados de tristeza, apatía o desesperanza que interfieren con la vida diaria.
  • Cambios bruscos de ánimo que se repiten y afectan a las relaciones o al trabajo.
  • Aumento del consumo de alcohol u otras sustancias asociado a los cambios de ánimo.

Si en algún momento hay pensamientos de hacerse daño o riesgo inmediato, se debe acudir de inmediato a urgencias o llamar al 112. Este artículo es meramente informativo, no sirve para diagnosticar ni sustituye la opinión de un médico o de un psicólogo clínico.

Cómo podemos ayudarte en MOMENTO

En MOMENTO, centro de tratamiento de adicciones en Madrid desde 2014, sabemos que muchas personas llegan con un sufrimiento emocional previo o asociado al consumo. Cada proceso empieza con una valoración inicial que nos permite entender qué papel cumple la sustancia en la vida de la persona y qué necesita realmente en ese momento. Cuando se sospecha un trastorno mental asociado, trabajamos para que reciba la atención clínica que le corresponde, y cuando procede una desintoxicación, esta se realiza en clínica especializada con supervisión médica y psiquiátrica.

Disponemos de programas residencial (convivencia supervisada 24 horas, con un mínimo inicial de tres meses) y ambulatorio, y también trabajamos con las familias, que pueden formar parte del proceso. Si tú o alguien de tu entorno os reconocéis en lo que hemos descrito, puedes llamarnos a cualquier hora al 608 78 34 25 (atención 24 horas), escribirnos a través de la página de contacto. Podemos ayudarte a dar el primer paso.

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