psicologia
Apego y adicción
Índice de contenido Qué es el apego y por qué importa en adicciones Apego inseguro como terreno de l…
Leer más →
Cuando hablamos de las consecuencias del consumo prolongado de alcohol solemos pensar en el hígado, en el páncreas o en los problemas familiares. Sin embargo, hay un daño que a veces pasa más desapercibido y que puede ser muy serio: el que afecta al cerebro por falta de vitamina B1 o tiamina. Ese daño puede dar lugar al llamado síndrome de Wernicke-Korsakoff. En Centro Terapéutico Momento, en Madrid, lo consideramos una de las razones más importantes para no alargar en el tiempo un alcoholismo, porque no se trata solo de beber demasiado, se trata de que el alcohol, con los años, puede llegar a alterar de forma permanente la memoria, la orientación y la capacidad de vivir con autonomía.
Este artículo ofrece información general y no sustituye a una valoración médica. Ante cualquier sospecha de este cuadro hay que acudir a un servicio sanitario: no se puede diagnosticar ni tratar desde un texto, y el tratamiento médico corresponde siempre a profesionales.
Se trata de un cuadro neurológico que en realidad tiene dos fases o dos caras. La primera, más aguda y potencialmente reversible si se trata a tiempo, es la encefalopatía de Wernicke. La segunda, más crónica y con secuelas más duraderas, es la psicosis o síndrome de Korsakoff. No son dos enfermedades totalmente distintas, sino dos momentos de un mismo proceso que tiene como origen la falta de tiamina en el cerebro. Esa falta está muy relacionada con el alcoholismo crónico porque el alcohol dificulta la absorción de la vitamina y porque muchas personas que beben mucho se alimentan poco y mal.
Conviene recordar que no todas las personas que beben en exceso desarrollan este síndrome, y que tampoco es un problema exclusivo del alcohol. Pero cuando aparece en alguien con consumo prolongado, suele ser la señal de que el cuerpo lleva tiempo pagando un precio que no se veía desde fuera.
La tiamina o vitamina B1 es necesaria para que las neuronas puedan obtener energía y funcionar de forma correcta. Cuando el cuerpo no la recibe o no la absorbe, ciertas zonas del cerebro empiezan a sufrir. En la persona que bebe de manera crónica se juntan varios factores. Por un lado, muchas veces la dieta es pobre porque el alcohol ocupa el lugar de la comida. Por otro lado, el propio alcohol impide que el intestino absorba bien la vitamina. Y además, el hígado dañado no la procesa como debería. Con el tiempo, el cerebro se encuentra funcionando sin una pieza básica. Ahí aparecen los síntomas.
Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en un motor que sigue funcionando pero sin el aceite que necesita. Durante un tiempo no se nota, o se atribuye a otras causas como el cansancio, el estrés o la propia resaca. Pero las zonas del cerebro que más dependen de este nutriente, las relacionadas con la memoria, el equilibrio y el movimiento de los ojos, son las primeras en resentirse. Por eso los síntomas del síndrome tienen que ver precisamente con esas funciones.
La encefalopatía de Wernicke suele debutar de forma más o menos brusca y es una urgencia médica. Clásicamente se describe una triada formada por alteraciones en los ojos o en la mirada, falta de coordinación o marcha inestable y confusión o desorientación. No siempre aparecen las tres, por lo que puede pasar desapercibida. La persona puede parecer borracha cuando en realidad lo que está es neurológicamente afectada. Si en ese momento se administra tiamina por vía médica y se corrige la desnutrición, muchos síntomas pueden mejorar. Si no se detecta o no se trata, el cuadro puede avanzar hacia la forma crónica.
Uno de los problemas es que los signos se parecen a los de una intoxicación etílica: torpeza al caminar, habla confusa, mirada extraña, desorientación. En un entorno donde se da por hecho que la persona ha bebido, es fácil pensar que “ya se le pasará”. Esa suposición puede retrasar la atención que necesita. Por eso es tan importante que quien acompañe a la persona informe de que lleva tiempo con un consumo elevado y de que se está alimentando mal, para que el equipo médico lo tenga en cuenta.
Cuando el daño se mantiene aparece el síndrome de Korsakoff. Aquí la manifestación más llamativa es la alteración grave de la memoria, sobre todo de la memoria reciente. La persona puede recordar hechos antiguos pero no retener lo que ha pasado hace unas horas o unos días. Puede repetir preguntas, perder el hilo de las conversaciones o no saber qué ha hecho en la mañana. A veces, para rellenar esos huecos de memoria, la persona inventa sin darse cuenta, lo que se llama confabulación. No está mintiendo para engañar, está tratando de dar coherencia a algo que su cerebro no registró. Este síndrome puede dejar secuelas permanentes y dificultar mucho la vida autónoma.
Para la persona afectada, el día a día puede ser desconcertante: se le olvida lo que acaba de decir, no recuerda si ha comido, repite planes que ya ha contado. En algunos casos tiene poca conciencia de que su memoria falla, lo que genera conflictos con la familia, que a menudo interpreta esos olvidos como desinterés o falta de compromiso. Para el entorno, el desgaste emocional también es grande: ver cómo alguien querido pierde parte de lo que era duele, y es normal sentir enfado, tristeza o agotamiento.
Entender que ciertos comportamientos tienen una base neurológica ayuda a cambiar la mirada. No se trata de justificar todo, sino de ajustar las expectativas, dar apoyos prácticos y buscar ayuda profesional. La valoración neuropsicológica y la rehabilitación cognitiva, cuando están indicadas, forman parte del abordaje que decide el equipo sanitario.
Aunque el déficit de tiamina puede darse en otras situaciones de desnutrición, en la práctica el alcoholismo de larga duración es una de las causas más frecuentes. Por eso insistimos tanto en que el alcohol no es solo un problema social o de conducta. Es una sustancia que, cuando se toma durante años y en cantidades altas, va poco a poco empobreciendo el cuerpo hasta el punto de dejar al cerebro sin combustible. Lo doloroso es que muchas de estas personas podrían haber mejorado si se hubiera detectado antes. De ahí la importancia de que familia y entorno sepan identificar los signos de alarma.
Si quieres conocer mejor cómo afecta el consumo de alcohol a la memoria, la atención y la capacidad de organizarse, te recomendamos leer nuestro artículo sobre el alcoholismo y la función cognitiva. Y si buscas una visión más amplia de esta enfermedad, puedes consultar la página sobre alcoholismo.
Conviene prestar atención cuando una persona con consumo de alcohol empieza a mostrarse más confusa de lo habitual, cuando tropieza o camina peor sin haber bebido tanto, cuando los ojos se mueven de forma extraña o cuando empieza a olvidar con frecuencia cosas recientes. También es una señal el deterioro físico evidente por mala alimentación. No es solo que esté ebrio, es que su cerebro puede estar pidiendo ayuda. En esos casos hay que acudir a un servicio médico y explicar claramente el patrón de consumo para que se valore la administración de tiamina.
En la fase de Wernicke el tratamiento puede revertir buena parte de los síntomas si se hace rápido. En la fase de Korsakoff las secuelas son mucho más difíciles de revertir. Por eso no es una buena idea esperar a que la persona deje de beber por sí sola si ya hay signos de deterioro. Aquí el trabajo médico y el trabajo terapéutico van de la mano. Hay que suplir la vitamina, hay que nutrir, hay que hidratar y, a la vez, hay que tratar la adicción que originó el problema. Si no se aborda el alcoholismo, la carencia vuelve.
Es importante también saber que la retirada brusca del alcohol en personas con consumo muy intenso puede ser peligrosa y necesita supervisión médica. Nunca debe improvisarse en casa.
En Centro Terapéutico Momento partimos de una idea que repetimos mucho: la persona con adicción no solo necesita fuerza de voluntad, necesita condiciones para poder. Si su cerebro está dañado por falta de tiamina, habrá conductas que no pueda controlar porque su capacidad de recordar y de organizarse está tocada. Por eso coordinamos, cuando hace falta, con recursos médicos y ponemos especial cuidado en la parte nutricional. Al mismo tiempo trabajamos con la familia para que entiendan que no todo lo que ven es “que no quiere”, a veces es que ya no puede igual que antes. Y cuanto antes se pare el consumo, menos probabilidades habrá de que el deterioro avance.
Cada proceso en MOMENTO comienza con una valoración inicial. Cuando la persona necesita desintoxicarse, esta fase se realiza en una clínica especializada, con supervisión médica y psiquiátrica, porque es el entorno adecuado para proteger su salud. Puedes ver cómo funciona en nuestra página de desintoxicación. Después, según las necesidades de cada persona, se trabaja en un programa residencial, con convivencia supervisada las 24 horas y un mínimo inicial de tres meses, o en un programa ambulatorio, con opciones de mañana y de tarde, que incluye sesiones los martes y jueves de 18:30 a 20:00 y una sesión individual semanal. También disponemos de vivienda de apoyo para facilitar la transición hacia la vida autónoma.
Cuando hay deterioro de memoria, la familia suele convertirse en cuidadora sin haberlo elegido, y a menudo sin información. En MOMENTO consideramos que la familia puede formar parte del proceso: entender qué ocurre, saber cómo comunicarse sin discutir por lo que la persona no recuerda, y cuidarse a sí misma para no agotarse. No hace falta que lo hagáis solos.
Es más frecuente en personas con alcoholismo de muchos años y con mala alimentación, pero puede aparecer en cualquier situación de déficit de tiamina.
La fase aguda puede mejorar mucho con tratamiento rápido. La fase crónica puede dejar secuelas, por eso es tan importante detectarlo a tiempo.
Porque su cerebro intenta rellenar los huecos de memoria. No es una mentira intencionada, es una forma de darle sentido a lo que no puede recordar.
Sí. Dejar de beber evita que el daño siga avanzando y permite que la persona se estabilice y que se trabaje en rehabilitación.
Se puede reducir mucho el riesgo con una buena alimentación, controles médicos y, sobre todo, con la reducción o el abandono del alcohol.
Con paciencia y sin reproches. Usa frases cortas, repite la información las veces que haga falta sin enfadarte y evita discutir por lo que no recuerda. Si la situación te supera, pide orientación profesional: cuidar al cuidador también es parte del tratamiento.
Si en tu entorno hay alguien que bebe desde hace años y empieza a mostrar olvidos, confusión o una marcha rara, no lo atribuyas solo al alcohol de ese día. Puede haber algo más serio detrás y cuanto antes se mire, más se podrá recuperar.
En MOMENTO, desde 2014, acompañamos a personas con adicción al alcohol y a sus familias, con intervención individualizada, responsabilidad sin culpabilizar y autonomía progresiva. Puedes llamarnos las 24 horas al 608 78 34 25 o escribirnos desde la página de contacto. Podemos ayudarte.
psicologia
Índice de contenido Qué es el apego y por qué importa en adicciones Apego inseguro como terreno de l…
Leer más →
psicologia
Índice de contenido La ansiedad no es un problema a resolver: es el intento de resolver un problema …
Leer más →
psicologia
Índice de contenido Qué es el cannabis actual Qué es la psicosis Cómo puede el cannabis desencadenar…
Leer más →Habla con nuestro equipo de forma confidencial. Sin compromiso, las 24 horas.