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Adicción a la Cocaína – Efectos, riesgos y tratamiento
Índice de contenido Por qué la cocaína genera tanta adicción Cuando la adicción se afianza: consecue…
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"¿Cuántos días hay que estar?" Es, con diferencia, lo primero que preguntan las familias cuando llaman a un centro de adicciones. Se entiende: quien lleva meses o años viviendo una situación límite necesita una fecha, un punto en el calendario en el que todo vuelva a ser como antes. Lo honesto es decir que esa fecha no existe tal cual. Lo útil es explicar de qué depende la duración, qué plazos son razonables en cada fase y por qué algunas ideas habituales, como que un mes "limpia" a una persona, no se sostienen. Eso es lo que intentamos aquí, con las cifras que sí se pueden dar y sin prometer lo que nadie puede prometer.
Dos personas pueden llegar el mismo día a un centro por el mismo motivo, digamos alcohol, y seguir caminos muy distintos. La duración de un tratamiento depende de factores que cambian de un caso a otro:
Por eso nos parece sospechoso cualquier centro que anuncie, con precisión de calendario, que "en 28 días" habrá resuelto un problema que se ha ido construyendo durante años. Los plazos se pueden estimar por tramos; no se pueden garantizar como si fuera una reparación de coche.
En lugar de buscar un número total, es más realista pensar en etapas. Cada una tiene su propio ritmo, y no todas las personas pasan por todas.
La desintoxicación es la parte estrictamente física: el cuerpo se libera de la sustancia y se controla la abstinencia. En muchos casos dura de unos pocos días a una o dos semanas, según lo que se haya consumido, y debe hacerse con supervisión médica cuando existe riesgo, como ocurre con el alcohol y con las benzodiacepinas. En estas últimas, además, la retirada suele ser gradual y puede alargarse bastante más, porque reducir la dosis de golpe es peligroso. Tienes más información sobre qué esperar en nuestro artículo sobre el síndrome de abstinencia.
En MOMENTO la desintoxicación, cuando procede, se realiza en clínicas especializadas con las que trabajamos de forma coordinada, y después la persona continúa en el dispositivo terapéutico que corresponda. Puedes ver cómo se plantea en la página de desintoxicación.
Un detalle que se olvida a menudo: desintoxicarse y tratarse no son lo mismo. La desintoxicación abre la puerta, nada más, y quien se queda ahí, sin continuar, vuelve a consumir con mucha facilidad, porque lo que sostenía el consumo (el malestar, los hábitos, las relaciones, la forma de afrontar las cosas) sigue exactamente en su sitio.
Pasada la desintoxicación suele llegar una sensación engañosa. Se duerme algo mejor, se come, se recupera el color, y la persona siente que "ya está". Para el entorno también es un alivio enorme. Es, sin embargo, el tramo en el que más abandonos se producen, justo porque la mejoría física es rápida y el trabajo psicológico no ha hecho más que empezar.
En esas semanas y meses es habitual que aparezcan irritabilidad, alteraciones del sueño, bajones de ánimo o ansiedad que van y vienen. Es la forma en que el cerebro se reajusta, no una señal de que el tratamiento no funcione. Lo difícil es aguantar este vaivén sin salir corriendo a buscar alivio en lo de siempre.
La referencia más repetida en la literatura sobre tratamiento de adicciones es la de los tres meses. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos (NIDA), por ejemplo, señala en sus principios de tratamiento eficaz que la mayoría de las personas necesita al menos tres meses para reducir o dejar de forma significativa el consumo, y que los tratamientos más largos dan mejores resultados.
No es un número mágico, sino más o menos lo que suele hacer falta para que se asienten las rutinas nuevas, para que el cerebro se estabilice algo y para que la persona empiece a reconocer sus desencadenantes sin que la arrastren. En nuestro tratamiento residencial, el ingreso es por un periodo no inferior a 90 días precisamente por esta razón.
Superada la fase inicial empieza lo que no se ve tanto desde fuera y es la mayor parte del trabajo: aprender a vivir sin la sustancia en la vida real. Volver al trabajo o buscar uno, reparar relaciones, gestionar el dinero, afrontar los días malos sin recurrir al consumo y reconstruir una rutina propia. En el Modelo Funcional de Recuperación de Adicciones con el que trabajamos se corresponde con la segunda y la tercera fase, la recuperación temprana y la recuperación avanzada, que puedes consultar en detalle en nuestra página sobre las fases del programa.
En este tramo suele haber un paso intermedio entre la estructura intensiva y la independencia total. Para eso existe la vivienda de apoyo: una forma de ganar autonomía sin saltar de golpe al vacío. Los clínicos también usan una referencia de tiempo para hablar de remisión: se habla de remisión temprana cuando la persona lleva entre tres y doce meses sin cumplir criterios de trastorno por consumo, y de remisión sostenida a partir del año.
El final formal del tratamiento no es el final de la recuperación. Los primeros meses tras terminar son un periodo delicado, y por eso mantenemos un postcuidado con una sesión semanal de terapia grupal de una hora y media en el centro, orientada a prevenir recaídas y a detectar a tiempo los factores de riesgo. La mayoría de las personas que mantienen su recuperación a largo plazo siguen cuidándola de alguna forma: grupos, revisiones, red de apoyo. Vivida así, la recuperación no se ve como una condena a perpetuidad, sino como lo que hace quien cuida una enfermedad crónica: tener hábitos que protegen.
La modalidad de tratamiento también influye en el ritmo. Esto es lo que ofrecemos, para que puedas hacerte una idea:
El tiempo en cada una no se fija de antemano como un número cerrado: se concreta tras la valoración inicial y se va revisando con la persona según evoluciona. Si dudas entre una modalidad y otra, hemos escrito una guía sobre cómo elegir entre residencial y ambulatorio.
Esta es la parte que más angustia genera y la que peor se explica. Una recaída no borra el camino recorrido ni obliga a volver a la casilla de salida. Según el NIDA, las tasas de recaída en las adicciones se sitúan entre el 40 y el 60 %, parecidas a las de otras enfermedades crónicas como la hipertensión o el asma, en las que también se producen reagudizaciones cuando se abandona el tratamiento. Eso no justifica recaer; sí ayuda a quitarle dramatismo y a verla como lo que suele ser: información sobre qué falló y qué hay que ajustar.
Lo realmente peligroso no es tropezar, sino esconderlo y dejar de venir por vergüenza. Sobre esto tenemos un artículo entero, por qué hay recaídas, y otro sobre qué hacer cuando un familiar quiere abandonar el tratamiento.
Existe una demanda legítima de soluciones rápidas: hay quien no puede ausentarse del trabajo, quien tiene hijos a su cargo, quien no tiene recursos. No lo ignoramos. Aun así, un tratamiento de unas pocas semanas, por sí solo, suele funcionar como un freno de emergencia y no como un cambio estable. Ayuda a salir de la crisis, pero el hábito, el entorno y la forma de gestionar las emociones no han tenido tiempo de cambiar.
Eso no significa que haya que tomar el camino más largo siempre. Para algunas personas, un ambulatorio con seguimiento bien llevado es suficiente y permite mantener la vida laboral. Lo que sí cuesta defender es la idea de que un mes de ingreso o de terapia aislada resuelve el problema. Si estás comparando centros, te puede interesar la lista de preguntas de nuestro artículo cómo elegir un centro de desintoxicación.
Un error frecuente es pensar que, cuando el paciente mejora, la familia vuelve sola a su sitio. En realidad el entorno suele ir por detrás: la desconfianza tarda en irse, los roles que se crearon en torno a la adicción siguen funcionando por inercia y el cansancio acumulado es real. Por eso consideramos parte del tratamiento un Programa de Familias, con una sesión grupal semanal por la tarde. No es un añadido: cuando la familia entiende qué está pasando, el proceso del paciente suele ser más estable.
Habitualmente, de unos pocos días a una o dos semanas, aunque depende de la sustancia, de cuánto se haya consumido y del estado de salud de la persona. En el caso de las benzodiacepinas la retirada gradual puede prolongarse más. Es el tramo en el que más importa la supervisión médica.
Un mes puede bastar para estabilizar una crisis y, si procede, completar una desintoxicación, pero la evidencia disponible apunta a que se necesitan al menos tres meses de tratamiento para obtener resultados sólidos. Un mes funciona mejor como primera fase que como tratamiento completo.
La adicción se entiende como una condición crónica, de modo que en lugar de "curación" los profesionales hablan de remisión: temprana a partir de tres meses sin criterios del trastorno y sostenida a partir de doce. Mantener esa remisión exige seguir cuidándola, aunque con el tiempo cuesta menos esfuerzo.
No. El ingreso residencial es una fase para quien lo necesita, y después se pasa a un ambulatorio, a una vivienda de apoyo o a ambas cosas. Hay personas que no necesitan ingresar nunca y siguen el proceso de forma ambulatoria desde el principio.
No hay un plazo universal. En los primeros meses tras el alta conviene mantener un seguimiento regular, y muchas personas continúan después con grupos de apoyo de forma indefinida porque les ayudan. Lo decide cada persona con su equipo terapéutico, según cómo vaya evolucionando.
MOMENTO es un centro privado de tratamiento de adicciones en Madrid, en funcionamiento desde 2014. Somos una opción más entre las que existen, y pensamos que lo importante es que cada persona encuentre el recurso que necesita, sea el nuestro, uno público o una combinación de varios.
Cada proceso empieza con una valoración inicial en la que estimamos, para tu caso concreto, qué nivel de apoyo es adecuado y qué tiempos son razonables. Si quieres saber cómo es ese primer encuentro, lo explicamos en primera valoración: qué esperar y qué preguntar.
Atendemos el teléfono las 24 horas en el 608 78 34 25, o puedes escribirnos desde la página de contacto. Estamos en la calle de Andorra 22, en Hortaleza, Madrid. Da igual por dónde empieces: lo importante es empezar.
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