Origen de La Adicción

31 de enero de 2019

Origen de La Adicción

Sabemos, por experiencia, que gran parte de las personas con problemas de adicción no solo han desarrollado una adicción determinada, sino un conjunto de varias adicciones diferentes.

Así, por ejemplo, la adicción a la cocaína se asocia con la adicción al alcohol, la adicción al juego con la compulsión con la comida y, así, un gran número de ejemplos más. Sería como decir que una adicción «fomenta» otra.

Poner fin a una adicción no es garantía de poner fin a las demás. Es más, normalmente supone la aparición de una nueva.

¿Cómo se explica, entonces, esta conducta descontrolada? En este artículo repasamos qué sabemos sobre el origen de la adicción y por qué mirar solo la sustancia o la conducta se queda corto.

Una adicción rara vez viene sola

Quien trabaja a diario con personas con problemas de adicción acaba viendo el mismo patrón una y otra vez. Una persona deja el alcohol y, al cabo de un tiempo, empieza a apostar. Otra abandona la cocaína y se encuentra comiendo sin control, comprando de forma compulsiva o refugiándose durante horas en el teléfono móvil. Otra sustituye una sustancia por el trabajo y termina agotada, sin tiempo para nada más. Son situaciones muy frecuentes y, vistas de una en una, parecen casos distintos. Vistas en conjunto, apuntan a una misma raíz.

Este fenómeno, el de varias sustancias o conductas que se suceden o conviven, se conoce como poliadicción, y lo hemos tratado con más detalle en nuestro artículo sobre la poliadicción y la convivencia de varias sustancias o conductas. Aquí nos interesa una pregunta previa: si dejar de consumir una sustancia no impide que aparezca otra adicción, quizá el problema no esté donde siempre hemos mirado.

El problema no siempre está en la sustancia

La respuesta podría estar en que el problema no siempre radica en el elemento alterador del estado de ánimo, es decir, en la sustancia o en la conducta.

De siempre se ha culpabilizado a las drogas del problema de la adicción, creyendo que, con el simple hecho de dejar de consumir, el problema se resolvería. Es una idea comprensible y tranquilizadora: si el culpable es la sustancia, basta con apartarla. Pero la experiencia clínica y la propia realidad social la contradicen.

Sin embargo, el hecho de que estén apareciendo adicciones a nuevas actividades que no tienen que ver con sustancias químicas (internet, compras, sexo…) demuestra que no puede ser únicamente la acción química de una droga la que causa la adicción. Si una conducta aparentemente inofensiva puede generar la misma pérdida de control, el elemento común no puede estar en la química.

Esto no significa que las sustancias sean inocuas. Muchas de ellas actúan sobre el cerebro, generan tolerancia y dependencia física y tienen riesgos médicos serios. Lo que decimos es que son una parte de la historia, no la historia completa. Si tratamos únicamente la sustancia, dejamos intacto aquello que llevó a la persona a depender de ella.

Tampoco el síndrome de abstinencia lo explica todo

Erróneo también resulta creer que es la necesidad de evitar el síndrome de abstinencia lo que causa la adicción. De ahí el nacimiento de programas de terapia «rápida» en los que, «limpiando» el organismo de sustancias y eliminando así el síndrome de abstinencia, la persona volvería a casa «curada» y sin más ganas de volver a consumir.

La desintoxicación tiene su sentido y, en muchos casos, es necesaria. Cuando procede, debe hacerse en un entorno sanitario adecuado y con supervisión médica, porque la retirada de determinadas sustancias puede conllevar riesgos y no debe improvisarse en casa. Para saber qué puede ocurrir y cómo se gestiona desde el punto de vista clínico, puedes leer qué esperar del síndrome de abstinencia y cómo se aborda.

Pero una desintoxicación, por sí sola, es un primer paso y no un tratamiento completo. El organismo puede quedar libre de la sustancia y, sin embargo, la persona seguir sintiéndose igual que antes de empezar a consumir: con el mismo vacío, las mismas dificultades para afrontar los conflictos y los mismos hábitos. Por eso tantas personas recaen tras una retirada física aparentemente exitosa.

Hoy ya sabemos que recuperarse de una adicción implica mucho más que dejar de consumir o interrumpir la conducta adictiva.

Una sola enfermedad con diferentes manifestaciones

Bajo este planteamiento, las diferentes adicciones que pueden desarrollarse tienen, entre sí, más similitudes que diferencias. Hablamos de una sola enfermedad que presenta diferentes manifestaciones.

Si miramos más allá del objeto concreto (el alcohol, el juego, la cocaína, las compras, las pantallas), encontramos rasgos que se repiten:

  • Una preocupación constante por el consumo o la conducta, que ocupa cada vez más espacio mental.
  • Pérdida de control: se hace más de lo previsto, o durante más tiempo, o se intenta parar y no se consigue.
  • Continuar a pesar de las consecuencias en la salud, la pareja, el trabajo o las finanzas.
  • Malestar o ansiedad cuando no es posible consumir o realizar la conducta.
  • Mentiras, ocultación y deterioro progresivo de las relaciones.

Cambia el objeto, pero el funcionamiento es el mismo. Por eso una persona puede pasar de una adicción a otra sin sentir que ha cambiado nada esencial, y por eso en MOMENTO no miramos solo qué se consume, sino qué función cumple eso en la vida de quien lo consume.

El malestar interior: lo que tienen en común

Si no es la sustancia química, ni la necesidad de evitar el síndrome de abstinencia, ni el modo en que el cerebro se ve afectado, ¿qué es lo que tienen en común las diferentes adicciones?

Unos lo llaman «vacío», otros «inquietud», pero en realidad todos están definiendo lo mismo: el malestar interior.

La verdadera causa de la adicción está en el interior de cada uno, en ese malestar interno. Y esto no quiere decir que sea un defecto de carácter ni una debilidad. Quiere decir que hay personas que, desde hace mucho tiempo, conviven con una incomodidad difícil de nombrar, y que en algún momento encontraron algo que se la aliviaba.

Bajo esta perspectiva se podría explicar por qué una persona con adicción, incluso realizando actividades «positivas» (trabajo, ejercicio físico…), termina desarrollando una compulsión, un descontrol sobre estas actividades, volviéndolas «negativas». No es la actividad en sí: es el uso que se hace de ella.

Lo que la persona con adicción busca es «evitar» ese malestar, que desaparezca.

Esta idea conecta con lo que explicamos en nuestro podcast «El problema no es la droga, es cómo te sientes», donde profundizamos en cómo el estado emocional está en el centro de todo el proceso.

Por qué cualquier cosa puede convertirse en adicción

Por ello, cualquier persona con predisposición a desarrollar esta enfermedad podría ser adicta a cualquier cosa. El único requisito sería que esa «cosa» le aliviara su malestar interno, ese que, desde siempre, le ha acompañado.

Conviene precisar qué entendemos por predisposición, porque no hay una única causa que lo explique todo. En general, se reconoce que intervienen varios factores que se combinan de forma distinta en cada persona:

  • Factores personales: la manera de gestionar las emociones, la tolerancia a la frustración, la autoestima o la dificultad para pedir ayuda.
  • Factores biológicos: la forma en que cada organismo responde a determinadas sustancias y a la recompensa.
  • Experiencias vitales: situaciones difíciles, pérdidas, falta de seguridad afectiva o sufrimiento prolongado en etapas tempranas. Si te interesa esta línea, hablamos de ella al tratar el apego y adicción.
  • Entorno: disponibilidad de la sustancia o la conducta, presión social, estrés sostenido, ausencia de apoyos.

Ninguno de estos factores, tomado por separado, condena a nadie a desarrollar una adicción. Y ninguna persona elige tener un malestar interior que le empuje a buscar alivio. Comprender esto es importante porque cambia la pregunta que nos hacemos: en lugar de «por qué no puede dejarlo», empezamos a preguntarnos «qué necesita que está intentando resolver con esto».

Recuperarse es cambiar la forma de vida

La recuperación de la adicción tiene más que ver con un cambio de actitud y de estilo de vida. Hablamos, claro está, de un cambio a nivel de sistema de creencias, de forma de resolver sus conflictos y, sobre todo, de cómo y en qué medida es capaz de satisfacer sus necesidades emocionales, sociales y espirituales.

En resumen, la única forma de recuperarse de una adicción y no caer en otra es cambiando la forma de vida.

Dicho así puede sonar abstracto, pero se concreta en aspectos muy cotidianos:

  • Aprender a identificar y expresar lo que se siente, en lugar de taparlo.
  • Desarrollar otras formas de resolver conflictos y de afrontar la frustración.
  • Reconstruir vínculos de confianza con la familia y con personas que apoyen el cambio.
  • Recuperar rutinas, descanso, actividad física y tiempo de ocio que no dependan del consumo.
  • Revisar creencias sobre uno mismo y sobre los demás que mantienen el malestar.
  • Encontrar sentido y propósito, algo por lo que merezca la pena sostener el cambio.

Es un camino que no se hace de un día para otro, y por eso un tratamiento serio se organiza por etapas, con un acompañamiento que se va ajustando. Puedes ver cómo lo planteamos en las fases del programa de tratamiento de adicciones. En cada fase, la persona asume cada vez más responsabilidad sobre su proceso: no se trata de culpabilizar, sino de ir ganando autonomía de forma progresiva.

Qué implica todo esto para la persona y para su familia

Entender el origen de la adicción como un malestar que se intenta aliviar tiene varias consecuencias prácticas.

Para la persona con adicción, supone dejar de vivirse como alguien «débil» o «sin voluntad». La responsabilidad sigue ahí, porque la recuperación requiere implicación y decisiones propias, pero se apoya en la comprensión y no en la vergüenza. Cuando una persona se siente juzgada, tiende a esconderse, y esconderse es una de las mejores formas de seguir en la adicción.

Para la familia, significa que retirar la sustancia o vigilar de cerca no basta. A menudo los allegados, con toda la buena intención, centran sus esfuerzos en que la persona «no consuma», y cuando lo consiguen sienten que el problema ha terminado. Si el malestar de fondo sigue sin atender, es probable que aparezca otra conducta que ocupe el mismo lugar. Por eso, la familia también puede formar parte del proceso, comprendiendo qué ocurre y aprendiendo cómo acompañar sin sobreproteger ni controlar.

Algunas preguntas que pueden ayudar a reflexionar, si tú o alguien cercano pasáis por esto:

  • ¿Qué estoy intentando evitar o aliviar cuando recurro a esto?
  • ¿Ha habido otras conductas o sustancias antes que esta que cumplían una función parecida?
  • ¿Qué cambió realmente en mi vida cuando dejé de consumir: solo la sustancia, o también la forma de afrontar lo que siento?
  • ¿Tengo personas con las que hablar de lo que me pasa sin sentirme juzgado?

Cómo podemos ayudarte en MOMENTO

En MOMENTO, centro de tratamiento de adicciones en Madrid fundado en 2014, partimos de esta mirada: la adicción no se explica solo por la sustancia, sino por la función que cumple en la vida de la persona. Por eso cada proceso empieza con una valoración inicial y se construye de forma individualizada, sin etiquetas y sin juicios.

Disponemos de un programa residencial, con convivencia supervisada las 24 horas y un mínimo inicial de tres meses, y de un programa ambulatorio, con opción de mañana o de tarde (martes y jueves de 18:30 a 20:00, además de una sesión individual semanal). También contamos con vivienda de apoyo para consolidar la autonomía y con trabajo con familias. Cuando la desintoxicación es necesaria, se realiza en una clínica especializada con supervisión médica y psiquiátrica.

Si te sientes identificado con lo que has leído, o si te preocupa alguien cercano, puedes llamarnos al teléfono de atención 24 horas, 608 78 34 25, o escribirnos desde la página de contacto. Podemos ayudarte a dar el primer paso sin compromiso.

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