¿Cuando es Adicta una persona?

30 de enero de 2019

¿Cuando es Adicta una persona?

Una de las grandes cuestiones que se plantean cuando hablamos de adicciones es saber cuándo, exactamente, un hábito o una costumbre se convierte en adicción. O mejor dicho:

¿Cómo distinguimos la verdadera adicción de una actividad normal por la que no debemos preocuparnos?

Es una pregunta que se hacen tanto las personas que dudan de su propia relación con una sustancia o una conducta como las familias que ven cambios en alguien cercano. Responderla bien importa, porque de ello depende que se pida ayuda a tiempo o que el problema se vaya normalizando durante años. En este artículo repasamos los dos errores más comunes, el criterio que realmente sirve y qué hacer cuando la duda aparece.

La imagen social de la persona adicta

Socialmente, el concepto que manejamos a la hora de describir a una persona adicta es el de alguien que, si no consigue droga las 24 horas del día, se convierte en un ser desesperado, capaz de hacer cualquier cosa por procurársela, y del que debemos huir.

El criterio que se aplica, de forma más o menos consciente, es que la condición de adicto viene definida por el consumo diario de la sustancia. Es decir, si una persona no se droga todos los días, entonces no sería adicta. Esta imagen, además de estigmatizar, dificulta que muchas personas se reconozcan en el problema: como no se parecen al estereotipo, concluyen que no tienen de qué preocuparse.

Y es en este concepto de adicto donde radica el principal error.

Primer error: creer que la adicción exige consumir a diario

  • El hecho de que una actividad se realice o no a diario no es criterio suficiente para determinar si una persona es adicta.
  • Gran parte de las personas con adicción no consumen drogas a diario, sino que hacen abusos esporádicos, alternando épocas de consumo con épocas de descanso o de consumo controlado y, sin embargo, presentan rasgos de adicción.

Partiendo de este criterio, muchas personas con un consumo problemático se convencen, y convencen a otros, de que no tienen ningún problema porque, efectivamente, no consumen a diario.

Es habitual el ejemplo del joven que, como solo consume cocaína los fines de semana, cree que no puede ser adicto. Sin embargo, si esos fines de semana se encadenan cada vez con más consumo, si el lunes llega con un malestar que condiciona la semana o si cuesta imaginar un fin de semana sin consumir, quizá ya haya algo más que una costumbre. Si te interesa esta sustancia en concreto, puedes leer sobre el tratamiento de la adicción a la cocaína.

Del mismo modo, hay algunas drogas y actividades con las que teóricamente es posible (si bien improbable) que una persona las lleve a cabo de manera diaria sin terminar desarrollando una adicción. Es el caso del juego, en el que es posible hacer una apuesta diaria sin que signifique que la persona termine siendo un jugador patológico.

Por lo tanto, el criterio de la frecuencia con que se consumen determinadas sustancias o se realizan determinadas conductas no es suficiente a la hora de determinar si una persona es adicta o no.

Segundo error: pensar que depende de la cantidad

El segundo error radica en la creencia de que la adicción se desarrolla en función de la cantidad empleada:

  • Una persona puede ser alcohólica aunque solo beba los fines de semana, o solo un par de cervezas por día, si tiene que hacer un esfuerzo por controlar no beber más.
  • Hay personas que beben a diario y no se les aprecian síntomas de adicción; y, sin embargo, hay personas que, bebiendo esporádicamente, tienen consecuencias negativas por haber bebido, aunque haya sido una sola vez (accidentes, agresividad, problemas con la ley…).

Es decir, una cantidad pequeña puede ser un problema grave para una persona y no serlo para otra. La tolerancia, la genética, la edad, la salud previa, el estado emocional y el contexto influyen en cómo afecta una misma cantidad. Por eso comparar el consumo propio con el de los demás “para ver si estoy dentro de lo normal” suele llevar a conclusiones engañosas. Sobre esta cuestión tenemos un artículo específico: diferencias entre un bebedor habitual y una persona alcohólica.

Entonces, ¿a qué criterio debemos atender?

Si no podemos utilizar los criterios de la frecuencia y la cantidad para determinar la existencia de la adicción, ¿a qué criterio deberemos atender?

Sin ninguna duda, deberemos fijarnos en cómo afecta a la vida de la persona ese consumo que está realizando.

Es adicta aquella persona que, aun sabiendo que el consumo de sustancias o la realización de conductas adictivas están causando problemas en su vida, es incapaz de dejar de consumirlas o de realizarlas.

La clave no está, por tanto, en cuánto ni en cada cuánto, sino en dos elementos: el daño que el consumo o la conducta provocan, y la dificultad para parar a pesar de ese daño. Cuando ambos se combinan, hay motivos suficientes para pedir una valoración profesional.

Señales que ayudan a identificar el problema

Sin que sirvan para diagnosticar, estas preguntas orientan sobre si el consumo o la conducta han dejado de ser algo controlado:

  • ¿Has intentado reducir o dejar de consumir y no lo has conseguido, o lo has conseguido solo durante poco tiempo?
  • ¿Consumes o realizas la conducta más de lo que pretendías, o durante más tiempo del previsto?
  • ¿Dedicas mucho tiempo a conseguir, consumir o recuperarte, o piensas en ello con frecuencia?
  • ¿Has dejado de lado actividades, aficiones o compromisos que antes eran importantes?
  • ¿Has seguido adelante pese a que causaba problemas de salud, de pareja, de familia, de trabajo o legales?
  • ¿Necesitas más cantidad para notar el mismo efecto, o te encuentras mal cuando no consumes?
  • ¿Ocultas, minimizas o mientes sobre el consumo?

Cuantas más respuestas afirmativas, más razones para detenerse a reflexionar. Si quieres un primer punto de referencia, puedes hacer nuestro test online, que no sustituye a una valoración profesional pero ayuda a ordenar la información. Además, si quieres conocer cómo se manifiestan estas señales a nivel físico, emocional y psicológico, puedes consultar el artículo sobre los síntomas de la adicción.

El papel de la negación y del autoengaño

Una de las razones por las que resulta difícil responder a la pregunta “¿soy adicto?” es que la propia adicción tiende a distorsionar la percepción. La negación no es una mentira calculada: suele ser un mecanismo de defensa que protege a la persona de la culpa y del miedo a lo que supondría reconocer el problema.

Frases como “yo controlo”, “solo lo hago los fines de semana”, “conozco a gente que consume más” o “cuando quiera lo dejo” son habituales y conviene escucharlas con atención, tanto cuando las dice otra persona como cuando las pensamos nosotros mismos. A menudo, la prueba más honesta es la más sencilla: ¿he intentado parar de verdad y he podido hacerlo sin esfuerzo?

Por eso es tan importante que el entorno no responda con reproches. Entender que la negación forma parte de la enfermedad ayuda a hablar desde la preocupación y no desde el enfrentamiento. Tenemos una guía en esta línea: cómo hablar con un familiar sobre su adicción sin generar rechazo.

Del consumo de riesgo a la adicción: un recorrido gradual

Pasar de un uso ocasional a una adicción no suele ocurrir de un día para otro. Se trata de un recorrido gradual en el que las líneas son difusas. Puede empezar con un consumo social o recreativo, pasar a un consumo de riesgo, en el que ya aparecen consecuencias o situaciones peligrosas, y llegar a una dependencia en la que la persona ha perdido libertad para decidir.

No todas las personas que consumen terminan desarrollando una adicción, y no hay una cantidad ni un tiempo fijos a partir de los cuales ocurra. Influyen factores biológicos, psicológicos y sociales, la edad de inicio, la función que cumple el consumo en la vida de cada persona y el entorno. Por eso en MOMENTO no preguntamos solo “qué se consume”, sino “para qué”: aliviar la ansiedad, soportar la soledad, encajar en un grupo, evadirse del dolor.

Lo importante es que esa evolución se puede detener en distintos momentos. Cuanto antes se identifica el patrón, más sencillo es intervenir.

Qué hacer si tienes dudas sobre ti o sobre alguien cercano

  • Si dudas de ti: cuestiona el criterio de la frecuencia y la cantidad, y mira el efecto real en tu vida. Habla con alguien de confianza y pide una valoración profesional.
  • Si dudas de un familiar: observa los cambios sin acusar, elige un momento tranquilo para hablar y expresa tu preocupación con ejemplos concretos y desde el cuidado.
  • Si ya hay consecuencias graves: no esperes a que la situación mejore sola. Pedir ayuda profesional no es una derrota, sino una decisión responsable.

Recuerda también que quienes rodean a la persona con adicción sufren, y que existe ayuda específica para ellos. En MOMENTO el trabajo con las familias forma parte del proceso, porque la recuperación es mejor cuando la familia entiende lo que ocurre y aprende a acompañar sin sostener el problema.

Cómo podemos ayudarte en MOMENTO

Si, tras leer este artículo, te quedan dudas o te has reconocido en alguna de estas situaciones, en MOMENTO podemos ayudarte a aclararlas. Somos un centro de tratamiento de adicciones en Madrid, fundado en 2014, y entendemos que la adicción no se explica solo por la sustancia, sino por la función que cumple en la vida de cada persona. Por eso cada proceso empieza con una valoración inicial individualizada, con responsabilidad pero sin culpabilizar.

Dependiendo de cada caso, ofrecemos un programa residencial, con convivencia supervisada las 24 horas y un mínimo inicial de tres meses, o un programa ambulatorio, de mañana o de tarde, junto con vivienda de apoyo y trabajo con las familias. Puedes consultar más información sobre el tratamiento ambulatorio o sobre cómo se estructura el proceso en las fases del programa.

Llámanos las 24 horas al 608 78 34 25 o escríbenos desde la página de contacto. Hablar con nosotros no te compromete a nada: es una forma de empezar a ver con claridad qué ocurre y qué opciones existen.

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